Tarijeños en diferentes partes del mundo añoran la tierra que los vio nacer

Al celebrarse hoy un año más de la batalla de la Tablada, es que muchos tarijeños que no están en la tierra que los vio nacer añoran diversas cosas de este bello lugar.

Como es el caso de Winnie Abán, la cual por estudios y trabajo, migró a la ciudad de Santa Cruz, desde donde nos cuenta que lo más recordado por ella de Tarija, es sus tradiciones, la gente muy devota a las tradiciones como ser la fiesta de Chaguaya o del Patrono San Roque.

De igual forma lo que más extraña es el ambiente que es favorable en todos los sentidos, la gente que es amistosa, ya que al momento de ver a un turista que está buscando algo o se perdió, le ofrecen ayudarle y hacerle su estadía lo mejor posible.

Por su parte para Leonardo Tarquino, que estudio y vivió por muchos años en la tierra chapaca y que por motivos familiares migro a la ciudad de La Paz, lo que más le gusta de Tarija es su gente, el clima, los paisajes, el Lago San Jacinto y en si toda la ciudad, ya que es muy completa y amena para poder disfrutar de un día de descanso, ya sea en la capital o en las áreas rurales, donde su gente no duda en brindarte todo su cariño y su rica comida que les caracteriza.

Mientras que añora volver a reencontrarse con los amigos, la vida tranquila que se lleva en la capital y más que todo el ambiente que te brinda Tarija, para poder llevar una vida plena de felicidad.

Layla Verdún, una tarijeña que se casó y se fue a vivir a Cochabamba, y que ahora por la cuarentena, se encuentra en Coquimbo, Chile, con los ojos llorosos, explica que extraña Pasear por sus calles vestidas de Rosas Pascuas y albahacas, abrazar a la familia, amigos, cosechar y disfrutar de las uvas, compartir la  fabricación de la deliciosa carne de membrillo, andar por esas calles del casco central, donde quedaron tantas alegrías y tristezas.

“Es que Tarija es eso, de pronto ves una esquina y la ves a una hermosa chapaca sentada con su canasto de pan, como no recordar las vueltas en bicicletas alquiladas en la Plazuela Sucre, subir a La Loma a encontrar a los amigos de siempre, poder ir a sus balnearios, en cualquier rio, beber sus aguas panza en tierra ¡Directo al pico! sentir la fragancia que desprenden las ramas de molle cuando barren los hornos pa meter el pan”.

Rissel Mallea, tarijeña de pura cepa, que al igual que mucha gente, decidió migrar a la ciudad de La Paz, para estudiar una carrera y que al final se conoció con el que ahora es su esposo y tiene dos hijas, con gran alegría nos cuenta que extraña el clima de Tarija, su tranquilidad que te ofrece la ciudad, el olor  campo que se siente en las mañanas y sobre todo después de que llueve, masas tradicionales, como ser las hojarascas, empanadas blanqueadas, tomarse una aloja de maní, chicha de uva.

“La tranquilidad de poder salir a la calle, sin estar pendiente  a que no te asalten, como en otras ciudades como La Paz, Cochabamba o Santa Cruz, donde aparte no puedes respirar bien por el smog que se siente en estos lugares que son el eje troncal del país”.

De igual forma para un 15 de abril, los tarijeños se reúnen en la plaza del estudiante, donde cada uno lleva a este encuentro pan de Lajas, masas y refresco de San Roque, saice de doña Pastora, helados de La Fontana.

Como también después de cantar el himno a Tarija a vos en cuello, se dirigen a los varios locales de comida que fueron creados por chapacos, donde al son de cuecas y bailecitos, toman vinos propios de la tierra que los vio nacer.

Giovana Cruz, una orureña que por mucho tiempo vivió en Tarija, nos cuenta de que extraña el cariño de la gente que llego a conocer, los cuales le acogieron como parte de su familia, amigas en la universidad, el trabajo, como también en las calles, que no dudaron en llevarle hasta el lugar que buscaba, los cuales después se convirtieron en parte de sus circulo de amistades.

“La gente de Tarija es muy amable, querendona de la gente que llega a Tarija buscando nuevos horizontes, como mi persona, la cual al llegar a Tarija sin conocer a nadie, al poco tiempo ya tenía amistades que parecerían que son de muchos años, por el trato que me daban y me lo siguen dando a pesar de la distancia”.

A la vez Valeria Otondo, que por motivos de trabajo migró a La Paz, extraña en estos días de cuarentena, la comida tarijeña, el clima caliente y su música; la cual desde hace días atrás la viene escuchando como ser cuecas, por lo que hoy se cocinará saice y escuchara esta música para sentirse de esta forma más cerca de su tierra amada que algún día la volverá a ver.

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