La fiesta de “Corpus Christi” simboliza la presencia de Jesucristo en la eucaristía

Corpus Christi, que en latín significa ‘cuerpo de Cristo’, es una fiesta de la Iglesia católica para celebrar la presencia de Cristo en la eucaristía.

El objeto de esta fiesta es recordar la institución de la eucaristía, que tuvo lugar el Jueves Santo, durante la última cena, cuando Jesucristo convirtió el pan y el vino en su cuerpo y sangre, e invitó a los apóstoles a comulgar con él.

Como tal, el Corpus Christi es celebrado sesenta días después del Domingo de Resurrección, el jueves siguiente a la solemnidad de la Santísima Trinidad, que tiene lugar el domingo posterior a Pentecostés.

Las celebraciones del Corpus Christi incluyen procesiones en las calles y lugares públicos en las cuales el cuerpo de Cristo es exhibido y acompañado por multitudes de fieles.

La festividad goza de gran relevancia en países como Panamá, España, Chile, Perú, Venezuela, Colombia y Ecuador. En algunos, incluso, se la considera como día feriado.

La costumbre de la época, en Tarija era la probada del vino o de la chicha durante la víspera, muchos se quedaban hasta el día siguiente. El día de la celebración, diferentes casas preparaban su propio vino o su chicha de uva; habían tradicionales alféreces que esperaban a los comunarios  y amigos, durante estos días se tocaba el erke y la caja e interpretaban coplas, que no siempre eran de corte religioso, sino que hablaban de amores y desamores, de esperanzas no logradas, aunque también las hay de tipo picaresca y festiva, siendo la copla compuesta de cuatro versos, se dispone cada dos versos un remate, que generalmente consiste en “¡Ay! doñita, tarde había sido, se había entrado el sol”, pude ser también  “Ay doñita, si ahora no hay como, mañana será”, remates entre los más recordados.

A fines del siglo XIX, la tradicional celebración de Corpus Christi, abarcaba casi todo el valle de Tarija y se había afincado en la propia Villa de San Bernardo de la Frontera de Tarixa, la practicaban los criados, los mozos de la casa, artesanos y campesinos, la costumbre se concentró en la otrora calle Ancha, luego pasaría a las vendedoras de la recova. Para entonces se bebía también chicha de maíz, vino patero y chicha de uva. Luego sería una costumbre popular. Con la ascensión del Partido Liberal al poder del Estado, la situación religiosa se vio en conflictos, puesto que se dictaban leyes y disposiciones que perjudicaban el normal desenvolvimiento de la iglesia católica, en franca oposición al clero, perjudicaban las rentas propias y la enseñanza de la que estaban encargados. Asimismo, el impacto se dejó sentir en las costumbres y tradiciones chapacas, una de ellas fue la celebración de Corpus Christi.

Pasada la contienda del Chaco, la recova de Tarija, debido a los nuevos asentamientos, cobró mayor importancia, las vendedoras, desde las primeras horas de la mañana adornaban sus lugares de expendio con flores de la época, principalmente con violetas. A partir de las nueve de la mañana, empezaba a invitar a sus clientes, para entonces la tradición había cobrado fuerza, la gente expresamente se daba cita en el incipiente mercado de la ciudad. Aunque había quienes se sorprendían por la rara costumbre de beber en un vaso de ajipa. Las vendedoras, con la debida anticipación, elaboraban la chicha y los esposos el vino patero para el “invite” de Corpus.

La celebración de Corpus Christi en el campo se prolongaba los días subsiguientes con bebida, comida y música, mientras aguardaba el caballo en la tranquera o en el fondo de la casa del alférez. Tradición que aún se mantiene en algunas comunidades.

Desde el año 1940 hasta fines de 1970, pocas fueron las vendedoras que quedaban en el mercado para brindar con sus clientes, pero para entonces, la costumbre se había adentrado en la clase alta y media. En la década de 1980, se mantuvo adormilada la tradición, sin mayor impacto que el de recibir al sorprendido cliente con el característico “le invito”, se destacan varios nombres de distinguidas señoras del mercado central, que habiendo heredado la costumbre de sus progenitoras, seguían practicando en sus puestos de venta, mientras que la Calle Cochabamba había decaído irremediablemente.

Origen e historia del Corpus Christi

La celebración surgió durante la Edad Media, cuando la religiosa Juliana de Cornillon comenzó a promover la idea de celebrar una festividad que rindiera homenaje al cuerpo y la sangre de Jesucristo presente en la eucaristía.

Así, la primera celebración de Corpus Christi tuvo lugar en 1246 en la ciudad de Lieja, en la actual Bélgica.

También se cuenta que, en 1263, mientras un sacerdote celebraba la misa en la iglesia de la localidad de Bolsena, en Italia, ocurrió que, al pronunciar este las palabras de consagración, de la hostia comenzó a brotar sangre.

Este suceso, conocido entre la comunidad católica como “el milagro de Bolsena”, fue percibido como un evento santo, y acabó por afianzar la celebración del Corpus Christi.

En el año 1264 el papa Urbano IV finalmente instituye la fiesta del Corpus Christi en la bula Transiturus hoc mundo del 11 de agosto.

Bolivia

La tradición de Corpus Christi en BoliviaSegún el Concilio de Trento, la historia marca que esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Presencia permanente y substancial más allá de la celebración de la Misa y que es digna de ser adorada en la exposición solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la piedad católica. Ocurre, como en la solemnidad de la Trinidad, que lo que se celebra todos los días tiene una ocasión exclusiva para profundizar en lo que se hace con otros motivos. Este es el día de la Eucaristía en sí misma, ocasión para creer y adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio a partir de las oraciones y de los textos bíblicos asignados en los tres ciclos de las lecturas.

El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia, que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos extraordinarios de la Redención. Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa anuncia la muerte del Señor. Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

La Hostia santa se convierte en «trigo que nutre nuestras almas». Como Cristo al ser hecho Hijo de recibió la vida eterna del Padre, los cristianos participan de Su eterna vida uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con la Víctima del Calvario.

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos».

Se reserva la Eucaristía en las iglesias como ayuda poderosa para orar y servir a los demás. Reservar el Santísimo Sacramento significa que, al terminar la comunión, el Pan consagrado que sobra se coloca en el Sagrario y allí se guarda reverentemente. La Eucaristía en el Sagrario es un signo por el cual Nuestro Señor está constantemente presente en medio de su pueblo y es alimento espiritual para enfermos y moribundos.

Debemos agradecimiento, adoración y devoción a la real presencia de Cristo reservado en el Santísimo Sacramento.

Las tumbas de los mártires, las pinturas murales de las catacumbas y la costumbre de reservar el Santísimo Sacramento en las casas de los primeros cristianos durante las persecuciones, ponen de manifiesto la unidad de la fe en los primeros siglos del Cristianismo sobre la doctrina de la Eucaristía, en la cual Cristo realmente se contiene, se ofrece y se recibe. De la Eucaristía sacó fuerzas toda la Iglesia para luchar valerosamente y conseguir brillantes victorias. La Eucaristía es el centro de toda la vida sacramental, pues es de capital importancia para unir y robustecer la Iglesia.

La novena en honor del Sacramento de la Sagrada Eucaristía puede hacerse muchas veces durante el Año Litúrgico, para ahondar nuestra fe en este gran misterio de amor, centro de toda la vida sacramental de la Iglesia.

En Tarija, desde tiempos inmemoriales se viene practicando el “invite” de vino en copa de ajipa, tradición muy propia de la región. De esta manera, Corpus Christi se celebra bebiendo vino en una copa elaborada de ajipa, la misma que es adornada con flores de la época, como rosas pascuas e ilusiones acompañadas de un ramo de albahaca, la Violeta es la flor esencial de Corpus, cuya fragancia incorpora al vino un sabor distinto y fraternal.

Históricamente se sabe que ya por el año 1863, el campesino acomodado o pudiente, brindaba el vino de su producción con amigos y familiares, mientras que el campesino de menores recursos, asumía este acto de religiosidad y amistad terrenal con un licor proveniente del zumo de la uva fermentado; bebida que luego se la llamaría Chicha de uva. La copa de ajipa significaba el cáliz y su contenido la sangre de Jesús, los arreglos florales representaban la belleza, brillo y solemnidad del encuentro del alma con Dios, lo propio significaba brindar con sus semejantes, este brindis era un honor y una distinción que no se podía evitar ni rechazar, a la vez que proporcionaba alegría y esparcimiento.

La ajipa se había elegido por el gusto que le otorga a la bebida, mientras que las flores de violeta complementaban con su agradable aroma. La ajipa, es un tubérculo, cónico, carnoso, de pulpa abundante y blanca, una vez retirada la pulpa, toma la hermosa forma de una copa natural

el Andaluz/ Edición Impresa

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