El centralismo “carnavalero”

Al son del erque y la caña, con caballada, con elección de reinas, colores, música alegre, las mozas más churas del país, fiesta de compadres, fiesta de comadres, en fin, cualquiera diría que nos vamos a referir al Carnaval 2013 que ayer, con todo este entremés, las autoridades anunciaron.

Pero no, pues debemos referir este editorial a la inminente intervención a Servicios Eléctricos, a la posible redistribución de los recursos departamentales, la disminución en la representación parlamentaria de Tarija a causa de los resultados que arrojaron el Censo 2012 a cargo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), y, por supuesto, al centralismo latente que está viviendo el ahora Estado Plurinacional de Bolivia.

Pues es lamentable el ver cómo desde las calles de la tierra Andaluz, las autoridades adormecen a la población al puro estilo de Maquiavelo, con distracciones, con shows y espectáculos que lo único que hacen es llevar la atención del pueblo, de la prole, del soberano, hacia otros rumbos que no son, precisamente, los más importantes y los que harán bien al futuro de este departamento.

Con un centralismo disfrazado de autonomía, podemos observar cómo a mil kilómetros de distancia se mueven los hilos que rigen el futuro de los tarijeños, mientras que desde el palco que ostentan las autoridades departamentales mueven los hilos “más pequeños” para que se lancen actividades y shows que dejarán una tierra despojada de sus riquezas y –por qué no decirlo- de sus empresas.

Ojala, pues, no nos vaya a ocurrir lo mismo que en 1879 hasta el año 1883, cuando Bolivia, país rico en minerales, vegetación y gente trabajadora, detuvo sus actividades y cayó aletargada con las festividades del Carnaval… Oh!!! Fatídico Carnaval que hasta hoy las autoridades prefieren olvidar y seguir reclamando por algo perdido.

Entonces, esperemos que no suceda lo mismo y, en lugar de reclamar una salida soberana al Océano Pacífico, como lleva adelante la política del actual Gobierno de Evo Morales, Tarija no comience a reclamar por regalías pérdidas o confiscadas que no supo invertir, por empresas que no supo administrar y por recursos a los que no supo darles valor agregado.

Por lo que, en vez de tener a la población concentrada en la elección de una pseudorepresentante del carnaval del año, lo que se debería hacer es concentrarse en diseñar estrategias que permitan al departamento realmente salir de la mediocridad y la ignorancia que detiene el progreso.

No seamos como el perro del Hortelano –que no come ni deja comer- pensemos en la generación que está tocando nuestras puertas, que ya está aquí y por las generaciones que están por llegar; dejemos de acumular riquezas en detrimento de los recursos de todos, pues es momento que dejemos de carnavalear y comencemos a trabajar, para que realmente dejemos de mirar hacia el “centralismo carnavalero”.

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