LA MUERTE DEBE HACERNOS REFLEXIONAR FRENTE AL PRÓJIMO

Marcelo Alpire Rivero

“NO CREAS QUE LA MUERTE TE OLVIDA A TI, CUANDO SE HA ACORDADO DE OTROS”

Si los que habitamos este planeta hiciéramos conciencia de que estamos de paso por esta vida y que nada de lo que tenemos podremos llevar al otro mundo, con seguridad, nuestra forma de vivir cambiaría notablemente. Los distintos estados psicológicos que nos abaten a diario, son provocados por problemas humanos, más que de otro tipo.

Nuestra existencia podría desarrollarse en un ambiente de felicidad y tranquilidad emocional; empero, el olvido de nuestra condición de seres mortales, nos hace actuar como si fuéramos dueños del universo. Por efecto de esta creencia absurda, subestimamos al prójimo, lo ultrajamos, desconocemos sus derechos humanos y finalmente, como solemos decir, “Le declaramos la guerra”.

Es realmente inconcebible que los humanos vivamos como enemigos acérrimos, buscando la satisfacción en la desgracia y el dolor ajeno. Usted, distinguido lector, se ha puesto a pensar, ¿Cómo acabamos los poderosos, los humildes, los ricos, los pobres, los gobernantes, los gobernados, los simpáticos y los feos? Todos terminamos, tarde o temprano, en una caja de madera fría y oscura de 2,00 x 0,70 mts y lo que es peor, reducidos a escombros.

Quizá en vida tuvimos mucho dinero, joyas, mujeres, grandes mansiones o no tuvimos nada más que la ropa que cubre nuestro cuerpo. ¿Por qué no reflexionamos sobre esta triste realidad? No hay mejor satisfacción que el haber brindado nuestra mano bondadosa a quien más la necesita. Tomemos nota de que el mejor indicador de nuestra calidad humana, de la cantidad de amigos que hemos hecho en vida y del grado de aprecio que hemos merecido, es la mucha o poca asistencia de gente a nuestros funerales.

Los hombres mezquinos, envidiosos y malvados, terminan solos y olvidados, pese a sus caudales económicos. Quizá la gente concurra a su entierro, pero no lo hará de corazón sino por conveniencia. Mientras que los hombres bondadosos, amables, desprendidos y respetuosos de los derechos ajenos, serán sepultados con lágrimas en los ojos por cuantos tuvieron la dicha de estrechar su mano y gozar de su valiosa amistad.

A todo esto podemos añadir otra cosa más. Pese al gran efecto que se puede sentir por una persona, su recuerdo sólo vivirá en nuestra memoria y ya nada podremos hacer por él, más que orar y orar. Ahora bien, si todos vamos a acabar así, como los grandes personajes de la historia de la humanidad: Churchill, Perón, Hitler, Bolívar, Kennedy, Onásis, en la muerte, ¿Por qué no convivir en paz y armonía con nuestros semejantes? ¿Por qué no sembrar bienes para cosechar parabienes? ¿Por qué no extender la mano a cuántos nos la solicitan? ¿Para qué dañar los sentimientos de las personas? ¿Para qué acumular riquezas materiales si nada vamos a llevar a la eternidad?

RECOMENDACIÓN

Trate usted de vivir en paz con su conciencia y ayude cuanto pueda para que mañana digan, sinceramente, que usted fue una gran persona y no se lo dirán hipócritamente, sino con un auténtico sentimiento.



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