Política, poder y ciudadanía

Lidia M. Campos Miranda

El deseo de avanzar; de comprender el hilo conductor de los hechos, de nuestro trayecto como ciudadanos y como sociedad, nos lleva a re – preguntarnos y reflexionar sobre la política y la ciencia política en la actualidad.

Algunos autores, señalan que el conocimiento de la política como ciencia comienza entre 1890 y 1914, época en que fue acogida en las universidades de Estados Unidos; pero su pleno desarrollo se produce en la segunda mitad del siglo XX, creándose cátedras y hasta facultades de ciencia política.

En 1948, la UNESCO y los politólogos circunscriben empíricamente el contenido de la misma en cuatro grandes rubros: teoría política; instituciones políticas; partidos, grupos y opinión pública; y relaciones internacionales.

Mientras existan relaciones de poder entre los hombres y entre los países, es necesario que se estudie y se propongan formas y acciones que conlleven al mínimo a los conflictos, y al máximo los beneficios para el mayor número posible de personas; para ello se necesita de la Ciencia Política, generando respuestas, interpretando el bien común de una sociedad determinada en su espacio y tiempo.

El objeto de análisis de un politólogo es una parte de la realidad social, la realidad política; en la cual confluyen mayorías y minorías, y distintos actores políticos que confrontan y comparten una gestión política, en un escenario que ha evolucionado; abarcando desde el revalorizado ámbito local (el municipio), las provincias, las regiones y el Estado Nacional; pero también el internacional, y un no-espacio físico: Internet y sus comunidades virtuales.

Sin embargo la apertura de estos nuevos espacios no supera la necesidad de crear espacios alternativos a los ya desarrollados, a través de los cuales la población se sienta identificada y participante a la vez de todos los procesos políticos, no solo como electores, sino como constructores de democracia.

Una pregunta recurrente es: ¿la política ha dejado de canalizarse, exclusivamente, a través de partidos políticos y agrupaciones? La respuesta es que sí; aunque ambos siguen siendo los actores de los que todos esperan una actuación estelar.

Si hablamos de crisis de los políticos en la actualidad, no podemos ignorar que esto también es un fracaso de la misma sociedad que los forma, y de donde provienen, de ella se extrae su clase dirigente.

Los partidos también contribuyen a su propio fin cuando no dan soluciones a los problemas que aquejan a la sociedad. Puede suceder también que la sociedad está cansada de un plantel de dirigentes que se perpetúan o de partidos políticos no brindan nuevas promociones de dirigentes, de profesionales con nuevas ideas comprometidos con el bien común.

En una sociedad como la nuestra la política del escándalo ha mostrado ser tremendamente efectiva; sin embargo no es tan saludable. La ciencia política debe estar alerta, dispuesta a recordar a la sociedad las enseñanzas del pasado, y a su vez extraer nuevos conocimientos de la crisis actual.

Un nuevo tipo de ciudadano y una nueva sociedad se vislumbran.



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