Hidrocarburos: tiempo de definiciones

Boris Gómez Uzqueda

El reclamo que hacen (mos) los ciudadanos es por el cumplimiento de la “agenda” de industrialización de gas natural a escala, como se dijo en 2003 cuando la fórmula era “industrializar en vez de exportar”. Ambos criterios, sin embargo, no se contradicen. Pero vamos al grano: en el tema hidrocarburos y energía es tiempo de definiciones!
Tarija, Santa Cruz, Chuquisaca y Cochabamba, como regiones productoras de gas y petróleo, a través de sus parlamentarios y gobernadores tendrían la palabra para formular una NPE Nueva Política Energética al Ejecutivo y formalizar un proyecto de Ley de Hidrocarburos dado que -al parecer- desde la dirigencia estatal no hay una definición clara al respecto: están impulsando varias leyes pero desde 2006 nada con relación a Hidrocarburos.
Alguien dijo -un “líder” empresarial- que “el gas no es importante” o que hay que “desgasificar la economía” boliviana: nada más alejado de la verdad ni posible. La vocación productiva boliviana es la generación de valor agregado en energía a partir del gas; en ese contexto es imposible dejar al gas de lado ni menos restarle importancia.
Ese proceso técnico químico de darle valor al gas debe ser parte de una política de Estado traducida en una nueva Ley de Hidrocarburos. El gas, a nivel mundial, con procesos técnicos de por medio, puede ser convertido en fertilizantes; es mayormente utilizado para generación de electricidad, en nuevos procesos técnicos en Japón y China está ya siendo utilizado para producción de DME: el dimetil éter es un sustituto del GLP y es utilizado en mercados de Japón como electricidad, más comercialmente ya hay plantas de GTL, Gas a líquidos diesel, plantas de producción de metanol.
También está comprobado que en Chile producen metanol sin ser una reserva de gas importante, adicionalmente el valor agregado de etano a través de petroquímica “tradicional” para plásticos (olefinas) y gas para olefinas (plásticos, pero utilizando petroquímica de nueva tecnología), para obtener todos los plásticos.
El cuadro de la importancia del gas en el mundo moderno nos demuestra su amplia utilidad en la vida cotidiana, imagínese la cantidad de negocios y mercados que se puede encontrar para la nueva petroquímica del gas boliviano.
Muchos analistas económicos han reclamado -con mucha razón- la ausencia de políticas públicas que debieran establecer el rumbo de tan importante sector.
Me adscribo a la línea de pensamiento con relación a un proyecto de Ley de Energía e Hidrocarburos, aspectos que venimos reclamando prácticamente desde la asunción de los administradores a la dirección del Estado en enero 2006.
Tampoco se conocieron públicamente proyectos oficiales sobre su propuesta política más importante relacionada a industrialización de gas en valor agregado ni proyectos de financiamiento de actividades en petróleo y gas desde el Estado, vía por ejemplo, la urgente movilización de las RIN (reservas internacionales netas) para financiar proyectos de infraestructura energética.En éste acápite es importante rescatar el pensamiento de varios académicos que ven viable movilizar esos fondos en vez de tenerlos retenidos y haciéndoles ganar intereses a bancos internacionales.

Tampoco han establecido los montos _en el marco de una NPE_ para invertir mayores recursos financieros en tareas de exploración y explotación que además haya una asociación con las compañías de capital privado extranjero. Ciertamente tanto exploración de nuevas áreas como la producción no han sido el mejor flanco de los últimos cinco años.

Es tiempo de acción: que la EBIH (Empresa Boliviana de Industrialización de hidrocarburos) y la estatal Ypfb con amplios poderes de disposición de fondos inicien procesos de exploración intensiva de todo el territorio boliviano, mejora de las condiciones de producción, mejora de la capacidad de refino y transporte y definitivamente tareas de ejecución de proyectos de industrialización en valor agregado del gas. Han hablado tanto de la industrialización de gas a escala en valor agregado que casi es una obligatoriedad reclamar el tema.

El rezago boliviano en materia energética puede ser corregido: para ello en el Parlamento debiera ya estar agendado un amplio debate sobre una NPE y la respectiva legislación sectorial, eso sería dar verdadera confianza a los prospectos de inversionistas.

Se debería hacer énfasis en proyectos concretos de financiamiento de proyectos energéticos de escala (con las RIN que están mal empleadas y con legislación nueva). No olvidemos que dinero y legislación moderna van a traer consigo: Tecnología, procesos de exploración con nuevas técnicas, nuevos mercados potenciales para adquisición de valor agregado y intensiva movilización de capital en áreas que continúan abandonadas: siguen dando prioridad a una agenda exportadora de materia prima.

Lo que sí parece haber desaparecido del lenguaje es el discurso de la “nacionalización” que fue reemplazado por el lenguaje de las inversiones, apertura del país, nuevas reglas y oportunidades de negocios, pero ahora a traducirlos en una nueva Ley.

Para los todavía incrédulos: Bolivia va a ser un país exportador de energía (valor agregado) y con los excedentes crear nuevos modelos de desarrollo antipobreza, para la educación superior, salud e infraestructura.

Aunque por información pública sabemos que en Bolivia hay más de 56 áreas libres para exploración y tiene un potencial de 54 trillones de pies cúbicos (TCF) con un agregado de potencial petrolífero de más de 1.400 millones de barriles (MMBbl), cifras que remontarán en los próximos años a 100 TCF con la adecuada inversión en exploración, es tiempo de empezar a trabajar…es tiempo de la acción!

Desde el análisis y la academia es tiempo de exigir que haya acción: en el Parlamento empezar a debatir y deliberar una NPE y la respectiva Ley de Hidrocarburos.



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