Para una ciudadanía crítica

Lidia M. Campos Miranda

Los estudios recientes sobre cultura política se enfocaron en medir, a través de encuestas, el apoyo a la democracia y el grado de participación política que hay entre los ciudadanos.

De esos estudios sabemos cuántos ciudadanos prefieren la democracia como forma de gobierno (los llamados “demócratas”), cuántos no (los denominados “autoritarios” y “ambivalentes”) y cuántos pueden considerarse como políticamente activos (los que toman parte en los procesos electorales o en diversos ejercicios de consulta o participación ciudadana) en relación a los que son pasivos (quienes suelen abstenerse de dicha participación).

La práctica de medir las actitudes hacia la democracia refleja la evolución de las mismas en distintas sociedades. Sin embargo, se observa que se ha puesto demasiado énfasis en las actitudes de apoyo a la democracia y menos interés en las actitudes críticas hacia la democracia (en los ciudadanos que se quejan, exigen o demandan más de esa forma de gobierno). Para una democracia resulta saludable contar con una constante crítica hacia sí misma.

En este ámbito encontramos una tipología de ciudadanos proyectados en seis categorías:

¿En cuál de ellas estaría Usted?

1) el ciudadano institucional: caracterizado por su actitud de respeto a las instituciones, a los derechos de otros ciudadanos y el acuerdo con el pago de impuestos; 2) el ciudadano crítico y vigilante: guiado por la necesidad de vigilar y monitorear las decisiones del gobierno, de denunciar los abusos de la autoridad y de exigir cuentas a los gobernantes; 3) el ciudadano participativo: quien manifestaba en la encuesta participar en las elecciones, asociarse con otros ciudadanos para buscar fines comunes y tomar parte en protestas y manifestaciones; 4) el ciudadano solidario: quien expresó altos grados de solidaridad con otras personas cuando tienen necesidad y dijo contribuir en colectas o donaciones ya sea de manera individual o integrado en grupos y organizaciones; 5) el ciudadano cultural: aquellos que participan en festividades populares y patrióticas, y se sienten preocupados por fomentar las tradiciones culturales del país; y, finalmente, 6) el ciudadano responsable: una categoría que reflejaba ciudadanos con una actitud de rechazo a los actos fraudulentos y de corrupción y que procuran mantenerse bien informados sobre los asuntos públicos.

Varias cosas llaman la atención de estas categorías de ciudadano entre ellas el hecho de que estas generan claras diferencias de opinión y comportamiento entre los encuestados.

No son simplemente categorías con distintos nombres sino que realmente ofrecen un potencial analítico interesante. Más allá de esas diferencias de opinión y comportamiento, resalta la categoría de “ciudadano crítico y vigilante”, mostrándose más interesante y analíticamente más desafiante.

Otro punto de vista podría observar que un ciudadano crítico es un ciudadano quejumbroso con cierta frustración o resentimiento. Sin embargo la crítica constructiva es un recurso muy útil para la democracia.

Más aún, la actitud crítica es un requisito para el mejoramiento mismo de ésta como forma de gobierno. Las sociedades cambian y las instituciones se adecuan o no a esos cambios. Es importante revalorar la capacidad crítica de los ciudadanos. La crítica es un proceso de reflexión. ¿Qué es lo que nos dice la ciudadanía crítica de este país?

Se trata de una ciudadanía que, con sus demandas, puede hacer contribuciones a la democracia, a la transparencia y a la rendición de cuentas, representando un potencial de cambio.

Una cultura de la participación consciente y creadora debe permitir verse a uno/a mismo/a como agente activo en la sociedad, con capacidad transformadora de la realidad social cuando actúa colectivamente.



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