Un recorrido a pie por las calles de la ciudad nos muestra el efecto de esta disposición o D.S. dictado por doña Lidia Gueiler Tejada, la única presidente mujer de Bolivia, allá por 1980, instituyendo el 11 de octubre como el día de la mujer boliviana, recordando el nacimiento de la poetisa Adela Zamudio Rivera, quien lucho por las mujeres y sus reivindicaciones. Se ha logrado avanzar en la promulgación de leyes, normas y políticas en temas estratégicos, para promover la equidad, sin embargo existe un camino largo por delante.
Pero la visión objetiva nos lleva en un paseo a observar que en la administración pública y en algunos casos en la privada, se otorgó tolerancia para las féminas, pero se dan otras circunstancias en las que las mujeres de Bolivia no se ven tan bien tratadas como se esperaría en este día, hablo de las mujeres policías, que deben resguardar instituciones como la Gobernación, ENTEL y otras que tienen seguridad física, a pesar de ser mujeres tuvieron que cumplir con todo su trabajo en horas establecidas.
A pesar de ser el día de la Mujer boliviana, ellas no tienen el asueto o la tolerancia que se da a algunas mujeres en la administración pública especialmente.
Otras son las mujeres que se sientan en algunas puertas con sus niños envueltos en pañales y viejos retazos de raídas frazadas, que ni siquiera saben que se celebra el día de la mujer boliviana, están ocupadas en lograr recolectar la mayor cantidad de monedas para el sustento diario, aunque para ello deban exponer a sus niños(as) con la cara envuelta en moco que se va secando mientras la temperatura baja en un día de verano con 8 grados y llovizna.
Hablo de la mujer que vende un manojo de cebollas en el piso sobre un sucio aguayo, con la esperanza de terminar su venta para que sus guaguas puedan comer, absurda posición cuando teniendo recursos naturales como la cebolla y el tomate, prefieren venderlos para comprar fideos o pan con Bromato.
Sorpresa cuando las mujeres que no conocen sobre este día, deben cumplir con las tareas domésticas pues son trabajadoras del hogar, empleadas o imillas como se las suele llamar, sagradamente deben cumplir con la limpieza de la casa, la cocina para toda la familia y dejar toda la vajilla lavada, para empezar con la ropa para planchar.
Mujeres que detrás de un mostrador deben administrar las ventas en la farmacia, la tienda de ropa o de telas, porque se debe responder a inversiones efectuadas para mover el negocio, mujeres que desechan un día hipócrita y hacen realidad este proverbio: “10 Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas.
El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. Busca lana y lino, y con voluntad trabaja con sus manos.
Es como nave de mercader; Trae su pan de lejos. Se levanta aún de noche y da comida a su familia y ración a sus criadas. Considera la heredad, y la compra, y planta viña del fruto de sus manos. Ciñe de fuerza sus lomos, y esfuerza sus brazos. Ve que van bien sus negocios; su lámpara no se apaga de noche. Aplica su mano al huso, y sus manos a la rueca. Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso. No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. Ella se hace tapices; de lino fino y púrpura es su vestido. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace telas, y vende, y da cintas al mercader. Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada;
y su marido también la alaba: Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas. Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.
Dadle del fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.