Carnaval ¿seguro o inseguro…?

Los hechos acontecidos la semana pasada que derivaron en los artistas tarijeños, al menos los de la capital, estén de luto por la muerte de Douglas Mendieta en una situación lamentable que es investigada por autoridades del Ministerio Público y de la Policía Boliviana, además de acuchillados, asaltos, en fin, todo lo que podemos llamar SEGURIDAD CIUDADANA, tiene un sólo origen.

Tratar de culpar a las autoridades de tal o cual institución, como se escuchó ayer que, una autoridad dijo que es función de esta institución el mantener el orden, o que, en respuesta, la aludida que es culpa de la otra porque no hubo personal “vigilando” que no se cometan atrocidades como las que enlutaron las festividades del Carnaval Chapaco 2013, no debería ser un problema institucional, como tratan de hacerlo ver, sino debería ser un problema de TODOS.

Pero, ¿por qué decimos que no es un problema de TODOS y no de las intuiciones?, la respuesta es sencilla, porque se trata de un problema de cultura, de educación y, sobre todo, de cada uno, exigir, demandar o, simplemente, sugerir que estas actividades destinadas a la diversión y regocijo de la sociedad sean seguras a nosotros mismos.

Que el consumo de alcohol en carnavales es elevado, es cierto, pero por qué no, entonces, sugerimos que se produzca menos vino, singani, chicha, pues porque esa idea simplemente hará que los empresarios y productores lancen el grito al cielo, entonces, lo que se debería hacer es EDUCAR a las personas desde que son niños, o sea, las campañas de prevención de consumo de sustancias controladas debería extenderse también a las sustancias NO controladas como el tabaco y el alcohol.

¿Qué es lo que están sugiriendo? Eso mismo, que las campañas que, lamentablemente son escasas, contra el consumo de drogas como marihuana o cocaína, sean más intensas y lleguen también a sustancias como el alcohol y el tabaco, esto porque si comenzáramos a educar a los niños sobre los efectos negativos de estas sustancias y, por supuesto, también sobre los efectos legales que conlleva su consumo en exceso y además clandestino.

El hecho que las autoridades aseguren realizar controles rigurosos para las siguientes actividades que llegan en estos carnavales, no significa que los hechos delictivos y el consumo excesivo de sustancias alucinógenas vaya a reducirse o que un antisocial se prive de cometer sus fechorías, quizá ayude a reducir los índices, pero no, los detendrá.

El demandar un “Carnaval Seguro” a las autoridades y que ellas mismas se exijan esto, puede que sea bien visto por algunos, pero la tarea principal debería ser exigida a cada padre y madre de familia para que realmente se EDUQUE, a la sociedad en temas que, en otros países, tienen que ver con la cultura y educación que recibieron desde pequeños y no de jóvenes o adultos.

Por eso, será bueno que cada miembro de la sociedad tarijeña tome conciencia por sí misma y se autocritique para luego criticar a nuestras autoridades que, si bien no cuentan con los recursos suficientes, tampoco hacen mucho para cumplir su real función, pero ese será tema de otro Editorial.

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