Tarija y su desarrollo

Lidia M. Campos Miranda

Es evidente que esta hermosa ciudad de Tarija, que hoy cumple 438 años de fundación; ha sido transformada por el impacto de múltiples variables, ya sean estas culturales, económicas, sociales, políticas, etc.

El parque automotor se incrementó considerablemente y con ello las tensiones propias de una vía pública parecida a urbes como La Paz o Santa Cruz. La ciudad presenta un grado de contaminación urbana similar al de centro industrial.

Sus habitantes también sufren de problemas de abastecimiento en la cantidad de agua, energía eléctrica, y otros relacionados a la administración de desechos y aguas residuales; la mala aplicación de la gestión ambiental sobre obras civiles y minería respecto a los sistemas hídricos y de riego, conllevan hoy un alto índice de cáncer y alteraciones congénitas en las comunidades rurales y urbanas.

Los temas que realmente preocupan al departamento, hoy están fuertemente ligados al acontecer político. La inversión social que realizan los municipios es una parte indispensable de la gestión pública para el logro de mejores condiciones de vida de la población, sin embargo la baja ejecución presupuestaria del gobierno departamental revela pocos logros en este ámbito.

El nuevo escenario de profundización de la descentralización por medio de las Autonomías, una demanda anhelada por los Tarijeños/as, ha contribuido a aunar esfuerzos para la mejora en las condiciones de vida de la población de las regiones, pero el tema sigue pendiente.

El departamento ha mostrado en las últimas gestiones mejoras interesantes en el ámbito social, especialmente en la reducción de la mortalidad infantil y reducción de la desnutrición crónica infantil, según un informe elaborado por la Unidad de Análisis y políticas Sociales y Económicas (UDAPE) y el Sistema de Naciones Unidas en Bolivia.

Sin embargo, superar las condiciones de pobreza y desigualdad social persistentes, sigue siendo un desafío, en grupos vulnerables y principalmente en municipios rurales como Yunchará, el Puente, San Lorenzo y otros donde la lejanía de algunas comunidades ahonda las necesidades de sus habitantes.

El capital más importante con que cuenta el departamento es su población, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, profesionales, hombres y mujeres de todas las edades, quienes también tienen la responsabilidad de contribuir al desarrollo de la región.

En este contexto se hace necesario aplicar nuevos mecanismos de política pública, mejores procesos participativos, atención sobre la calidad de los servicios públicos, nuevos marcos de coordinación institucional, tanto sectorial como territorial, así como nuevos mecanismos de control social.



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