"Esto es para que te calles, viejo de mierda"

Es lo que Fernando Vidal y la operadora Karen Anze escucharon a las 10:45 de la mañana del lunes 29 de octubre antes que un grupo de desconocidos ingresara a Radio Popular, les rociara con gasolina y prendiera fuego. Vidal se encuentra en estado delicado de salud, con quemaduras de segundo y tercer grado. El ministro de Gobierno, Carlos Romero, informó el jueves 1 de noviembre, una vez apresados los maleantes, que confirmaba la hipótesis de que los cuatro hombres que atacaron con bombas incendiarias al periodista Fernando Vidal y Karen Anze, lo hicieron por encargo. “Se confirma la hipótesis de que en realidad estos sujetos respondían a una acción de posiblemente personas que los contrataron en represalia (a las denuncias que hizo Vidal a través de su medio de comunicación)”, afirmó la autoridad en rueda de prensa.

Como están las cosas en el país, esta es una prueba más de que la libertad de expresión ya en el nivel local o nacional está amenazada. Lo de Yacuiba por supuesto que raya en lo delincuencial, pero las amenazas a través de juicios (los casos de ANF, Pagina Siete y El Diario), la presión para que determinados analistas ya no estén visibles u oíbles (los casos de Carlos Valverde o Humberto Vacaflor) y el acumulo de medios de comunicación en manos de un grupo de agentes empresariales favorables al poder de turno son preocupantes indicios que el oficio de informar y opinar no goza del beneplácito de los poderosos de hoy.

Como dice Silvia Mercado (2011) “la generación contemporánea a la recuperación de la democracia no había visto protestas con mordazas, ni huelgas de periodistas. Hoy es el pan de cada día. Supusimos que el Proceso de Cambio conllevaría cambios y así los estamos sobrellevando: no somos más República, sino Estado Plurinacional, el modelo estatista de corte socialista ya está impuesto; basta con echar un vistazo al nuevo texto constitucional para aceptar que Bolivia es otro país. Lo que no estaba en pronósticos es el quiebre en la relación del Gobierno con los medios y, por ende, la actitud del Estado hacia el trabajo de la prensa. Esta última, la disfuncionalidad mayor, es la que pone en riesgo las libertades de prensa y expresión; ésta es la que atenta contra la salud de nuestra democracia”.

El año 2011 la empresa de comunicación Mora y Araujo realizó la encuesta sobre “La situación del país y la libertad de expresión” con el fin de conocer las percepciones de los periodistas bolivianos. El relevamiento realizado a 200 trabajadores de los medios de comunicación revelaba que el 38% creía que la situación de la libertad de expresión empeoraría. El 92% de los periodistas de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz consideraba que la libertad de expresión en Bolivia está amenazada. Sólo un 7% consideraba lo contrario.

De entre las tres ciudades, en Cochabamba había más periodistas que sentían -en diferentes niveles- que la libertad de expresión está amenazada: un 99% de los consultados expresó esa percepción. Le seguía Santa Cruz, con un 96%; La Paz aparecía con un 88% de trabajadores de medios que percibían dicho riesgo. A un año de la citada encuesta, estoy seguro que los temores no han cambiado por todo lo que ha pasado en los últimos doce meses.

Y la cosa parece que no va para mejor en la medida que se acerquen las elecciones nacionales, pues los gobernantes han dado señales muy fuertes de querer controlarlo todo, hasta las redes sociales. La ultima furibunda arremetida contra Pagina Siete por parte del Vicepresidente acusándola de pro chilena y de antipatria, es un signo de advertencia desde los más altos niveles que nos “aconsejan” entre sus líneas de de gran hermano con el mensaje “o te controlas, o yo te controlo”.

Fernando Vidal es un entrañable amigo con el que cada fin de semana comparto a través de Radio Popular por largos minutos, a veces horas, en un diálogo fluido, ameno, familiar, pero ante todo humano, los temas de la vida política nacional como los de la cotidianeidad. Los minutos de dialogo pasan volando, pues con Fernando, el dialogo se hace ameno y profundo; serio pero no pesado. Siempre recuerdo que entre análisis y análisis le echábamos algunos cuentos de esos que hay por el chaco y en los pueblos que nos ayudan a explicar mejor las circunstancias o hechos que analizamos. Por ello la noticia de este cobarde atentado a cargo de testaferros me puso en alerta y, desde Las Piedras, donde me encontraba llame a mi otro gran cuate, Esteban Farfán, yerno de don Fernando, que me dio los detalles. Rabia e impotencia se apodera de uno. Mi solidaridad con Fernando y Karen por su labor en las cálidas tierras del chaco, que les ha demostrado que no están solos porque hay un pueblo que los apoya.



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