Desigualdad laboral continúa siendo en tema pendiente de la sociedad

La directora de la Red de Lucha Contra la Violencia y directora del ECAM (Equipo de Comunicación Alternativa con Mujeres), Peky Rubín de Celis, dijo que uno de los temas importantes en los que se enfocarán, día Internacional de la Mujer, es la desigualdad que sufre la mujer en el mundo laboral que se vive en nuestro departamento y a nivel nacional, donde quedan pendientes las creación de leyes para llenar vacíos legales, y por otro lado la falta de cumplimiento de algunas como la paridad y alternancia en cargos públicos.

“Nos estamos adhiriendo a la llamada mundial de este 8 de marzo paramos las mujeres, en Tarija hemos adoptado un slogan ‘nuestro cuerpo, nuestras vidas, nuestro trabajo valen’. No nos olvidemos que este 8 de marzo recordamos a mujeres valientes que nos han legado con sus vidas de que el trabajo de las mujeres también debe ser de 8 horas, no deben ser explotadas, no deben ser víctimas de acoso, debe haber condiciones para las mujeres que tienen bebes, que están a su cargo, que de alguna manera limitan su trabajo”, expresó.

Rubín de Celis dijo que la situación de la mujer en nuestro país es muy difícil cuando hablamos de desigualdad de género debido a que por un lado se está tergiversando el sentido exacto de lo que es para la mujer que padece esta desigualdad, y es un aspecto que no es bien comprendido por la sociedad.

“Aún hay desigualdad de salarios en las mujeres, las mujeres son las que sostienen la mayoría del trabajo informal del cual vive el país. Hay operadores de justicia, de salud, operadores legales, policiales, del sector educativo que siguen sin entender esta problemática. Pero también hay algunas mujeres que han tenido la posibilidad de salir adelante y que son lamentablemente las que critican a mujeres que están en situación de violencia, entonces estos desafíos aún están presentes en nuestra sociedad”, aseveró.

La directora del ECAM dijo que todo el tiempo reciben solicitudes de orientación y estas se orientan en muchos casos a información sobre violencia, acoso laboral, pero también a la desigualdad de salarios en el sector público.

“Desde el aspecto legal no hay una figura clara cuando se habla de desigualdad de salarios aunque es una realidad que se la está viviendo constantemente en la institución publica y en las privadas, pareciera que por el solo hecho de ser mujer el trabajo vale menos. Hay vacíos legales, pero además hay ausencias de normas en ese sentido”, agregó.

ALGUNOS DATOS A NIVEL NACIONAL

Bolivia no es la excepción de lo que sucede en el mundo, pues en el país la tasa de empleo masculina continúa siendo más alta que la femenina.

Según la Encuesta de Hogares 2015 realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 69.95 por ciento de los varones tiene un trabajo, mientras que en el caso de las mujeres el porcentaje no llega ni siquiera a la mitad, 48.24 por ciento.

Aunque no hay estudios muy recientes sobre el empleo en mujeres en el país, el último realizado en base a datos estadísticos del INE por el Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral y Agrario, (CEDLA), en el 2012, las mujeres trabajaban más por menos ingresos.

La investigación indica que a pesar de las evidencias respecto a la mayor presencia de las mujeres asalariadas en el sector capitalista menos desarrollado, es decir el semiempresarial, el 2011 el 54,7 por ciento todavía se ocupaba en el llamado sector “formal” público y privado, 3 por ciento menos que en 2001. El sector empresarial asocia la contratación de mujeres con mayores costos laborales por concepto de los derechos de maternidad, restringiendo las oportunidades de empleo para ellas. La disminución relativa del empleo de las mujeres en ese sector, fue parcialmente compensada por el aumento de su contratación en el sector público.

Al otro lado, el 33 por ciento de las mujeres se ocupaba en talleres, comercios y actividades de servicios semiempresariales, duplicando el empleo antes registrado en el sector; de esta manera pasó a constituir el principal generador de empleo femenino, seguido del sector empresarial y estatal, en ese orden. Por último, el empleo en el servicio doméstico llegaba al 12 por ciento , menos de la mitad que al comienzo de la década. Esto significa que esta actividad es cada vez menos una alternativa de trabajo para las mujeres.

Otro estudio elaborado por la encuestadora boliviana Captura Consulting, demuestra que hoy en día la mayoría de las mujeres tiene bastante confianza en sí mismas en el aspecto profesional y de trabajo en Bolivia, a pesar de que consideran que la sociedad todavía tiene muchos matices machistas y las discrimina al momento de buscar un trabajo.

Más de dos tercios de la población femenina, siente que tiene las mismas oportunidades de trabajo en Bolivia que los hombres. Incluso, consideran que están mejor preparadas y son más aptas que antes, y que en Bolivia la discriminación va cediendo espacios a la igualdad de género, por lo que las opciones tienden a ser las mismas para todos.

De acuerdo al resumen ejecutivo: “Las Mujeres en el Trabajo”- Tendencias 2016, elaborado por la OIT (Organización Internacional del Trabajo), las mujeres a lo largo de su vida laboral, continúan experimentando grandes dificultades para acceder a empleos decentes.

Solamente se han logrado mejoras mínimas desde la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, por lo que existen grandes brechas que deben colmarse en la puesta en práctica de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por las Naciones Unidas en 2015.

El documento indica que la desigualdad entre mujeres y hombres persiste en los mercados laborales mundiales, en lo que respecta a las oportunidades, al trato y a los resultados. En los dos últimos decenios, los notables progresos realizados por las mujeres en cuanto a los logros educativos no se han traducido en una mejora comparable de su posición en el trabajo. En muchas regiones del mundo, en comparación con los hombres, las mujeres tienen más probabilidades de encontrarse y permanecer en situación de desempleo, tienen menos oportunidades de participar en la fuerza de trabajo y – cuando lo hacen – suelen verse obligadas a aceptar empleos de peor calidad.

el Andaluz/Edición Impresa

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