Internos de “Morros Blancos” piden mercados para sus productos

“Estando aquí encerrados, uno se arrepiente y, estoy arrepentido la verdad, duele, me desespero por mi libertad, quiero irme extraño mi familia”, son palabras de un  privado de libertad, del Centro Penitenciario de Morros Blancos de quien, quien pidió mantener en reserva su nombre.

En la Provincia Cercado Tarija, se encuentra ubicado el Centro Penitenciario de Morros Blancos que actualmente cuenta con una población de 610 detenidos, entre hombres y mujeres, quienes se encuentran encarcelados por diferentes motivos. Entre los más frecuentes asesinato, violación, robo agravado, estafa y tráfico de drogas entre otros.

El director Departamental del Régimen Penitenciario, Ariel Miranda Suarez, afirmó “que los presos asumen su culpa y tratan de rehabilitarse, y nosotros como Régimen Penitenciario le damos la oportunidad para que aprendan algún oficio”. “Se trabaja con una reforma penitenciaria total, que incluye terapia ocupacional y la reinserción social, como ustedes pudieron verificar en la producción que hacen los privados de libertad; entrando a datos más específicos tenemos a un 10% de la población que no trabaja y un 90% de los reclusos que estudia y trabaja”, remarcó.

La población penitenciaria convive hacinada en pequeños espacios habitacionales que utilizan como dormitorio y lugar de trabajo como la metalúrgica, repostería, sastrería, manualidades y carpintería.

La carpintería es la ocupación preferida de los reos, porque genera mayor ingreso.

El taller de carpintería está situado bajo un tinglado mediano en el cual trabajan solo algunos de los privados de libertad, debido al poco espacio que se tiene para realizar esta actividad.

“En el taller no tenemos espacio para trabajar todos, es muy reducido, pero tenemos que ver la forma de trabajar y hacer espacio en el patio o en nuestras celdas para poder trabajar individualmente, porque grupalmente no podemos trabajar no hay espacio y no hay maquinaria”, explicó uno de los carpinteros.

La motivación de aprender algún oficio y estudiar de estas personas es individual dentro de la cárcel, algunos de los privados relatan cómo aprendieron este oficio de carpintería; algunos dijeron que les gustaba y otros aprendían debido a la necesidad de ayudar a sus familias económicamente.

“La necesidad nos obliga a tomar cualquier rubro de trabajo y la preocupación por nuestros hijos para que no dejen de estudiar; nosotros nos endeudamos para poder tener una sentencia, pagamos abogados, pensamos que vamos a salir y cuando ingresamos aquí nuestras familias cargan con las deudas y los hijos dejan los estudios y en muchos casos la familia se desintegra”, explicó Grimber A., uno de los privados de libertad, quien trabaja en carpintería para sustentar a su familia.

Los días en la cárcel de Morros Blancos no son fáciles, cada día es un desafío porque deben esforzarse para fabricar los diferentes productos y venderlas, y así obtener dinero para solventar los gastos de sus familias y de ellos mismos.

“Somos humanos que cometimos un error, pero aquí aprendimos a rehabilitarnos somos muchas personas que estamos rehabilitadas”, destacó uno de los internos.

Piden que la población confíe en los trabajos que realizan, que les den una segunda oportunidad para rehabilitarse y reintegrarse en la sociedad.

Asimismo hicieron un llamado a las autoridades departamentales para que puedan mejorar las áreas de trabajo y puedan proporcionar una tienda para sus productos.

Mayra Barrientos Burgos

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