Como la gota que perfora la piedra

Rodolfo Meyer Egüez

Días atrás Tarija fue testigo a través de los medios de comunicación de los estragos causados en las comunidades colindantes al rio San Juan del Oro por su desborde: cientos de familias que perdieron sus cosechas, animales y patrimonio; pero no sólo eso, sino que quedaron en situación de riesgo ante la falta de alimento y agua apta para el consumo humano.

Ante este tipo de desastres la ayuda debe ser lo más pronta posible, pues pasa a ser situación donde se precisa un auxilio de carácter humanitario, entendiendo que ante la falta de agua en unas pocas horas el cuerpo humano comienza a deshidratarse llegando incluso a ocasionarse en este proceso la muerte. También podría darse que para evitar la deshidratación los afectados, entre ellos niños, se vieran obligados a ingerir agua contaminada, lo que desencadenaría una serie de infecciones que también podrían llevar al mismo desenlace fatal. Lastimosamente en estas circunstancias de emergencia la burocracia estatal en sus niveles nacional, departamental y local, generalmente impide una reacción que permita una ayuda oportuna, por lo que se vuelve imperativa la acción solidaria de la propia sociedad.

Este es sólo un ejemplo donde se vuelve evidente que un valor fundamental para toda sociedad es la solidaridad, pues es una sociedad la solidaridad es directamente proporcional al grado de cohesión existente en ella, lo que deriva en sociedades fuertes y pujantes, no por nada se dice con tanta razón que la unión es la fuerza.

En estos días se vuelve ineludible iniciar a nivel tanto institucional como individual una reflexión profunda en relación a los valores y principios necesarios cultivar para que nuestra sociedad se fortalezca, valores como la honestidad, la solidaridad, el respeto, la tolerancia, el deseo de superación, entre otros que sirvan de freno a una serie de antivalores que cada vez parecen ser más comunes en nuestra sociedad como la corrupción, el conformismo, el nomeimportismo o la mediocridad, que no son más que lacras que dañan a nuestra ciudad y departamento.

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