El chantaje, la mediocridad y la ignorancia

Una de las artimañas que tienen los que están faltos de argumentos ante la verdad palpable, es la que utilizaban los Nazis en la vieja Alemania para encaramar a Hitler en el poder y hacerlo casi un pequeño dios, la mentira fácil… miente, miente y miente… que algo quedará al final. Esto mismo pasa con aprendices de nazismo y desdibujados practicantes de la política pretendida, para un sistema que quedó fuera de la estructura mundial en este espectro.

Cuando se está falto de inteligencia y se tiene culpabilidad en hechos que son de índole personal, al constituirse en una figura pública, afecta directamente al sistema (vale proceso de cambio) dirigido por don Lino Condori en este caso. Pero qué lejos se está de asegurar lo que se afirma en los medios de comunicación, con la mayor sinverguenzura y sin el menor rastro de sangre en la cara, con la mediocridad que caracteriza a una persona sin ideas, para afirmar que existen personas y aun medios de comunicación que son chantajistas, una autoridad responsable dice de quienes se trata y no trata de zafarse de sus equivocaciones “personales” agarrando lo más fácil para declarar y ratificando que sí, existen medios a los cuales pueden chantajear con lo que esta autoridad anuncia.

A ellos, don José Ingenieros en su libro dedicado a este tipo de personas las describe de la siguiente manera: El hombre mediocre es incapaz de usar su imaginación para concebir ideales que le propongan un futuro por el cual luchar. De ahí que se vuelva sumiso a toda rutina, a los prejuicios, a las domesticidades y así se vuelva parte de un rebaño o colectividad, cuyas acciones o motivos no cuestiona, sino que sigue ciegamente. El mediocre es dócil, maleable, ignorante, un ser vegetativo, carente de personalidad, contrario a la perfección, solidario y cómplice de los intereses creados que lo hacen borrego del rebaño social. Vive según las conveniencias y no logra aprender a amar. En su vida acomodaticia se vuelve vil y escéptico, cobarde. Los mediocres no son genios, ni héroes ni santos.

Un hombre mediocre no acepta ideas distintas a las que ya ha recibido por tradición (aquí se ve en parte la idea positivista de la época, el hombre como receptor y continuador de la herencia biológica), sin darse cuenta de que justamente las creencias son relativas a quien las cree, pudiendo existir hombres con ideas totalmente contrarias al mismo tiempo. A su vez, el hombre mediocre entra en una lucha contra el idealismo por envidia, intenta opacar desesperadamente toda acción noble, porque sabe que su existencia depende de que el idealista nunca sea reconocido y de que no se ponga por encima de sí.

Hay culpables en estas circunstancias sobre las cosas mencionadas, desde luego, hay víctimas y victimadores, que deberán responder ante la justicia primeramente y ante la sociedad después, recordando que sus palabras los llevan lo que es la vulgaridad, aguafuerte de la mediocridad. Transforma el amor de la vida en pusilanimidad, la prudencia en cobardía, el orgullo en vanidad, el respeto en servilismo. Lleva a la ostentación, la avaricia, a la falsedad, a la avidez, a la simulación.

Los tránsfugas de la moral son rebeldes a la domesticación, no saben simular, agreden los principios consagrados; y como la sociedad no puede tolerarlos sin comprometer su propia existencia, ellos tienden sus guerrillas contra ese mismo orden de cosas cuya custodia obsesiona a los mediocres. El cerebro suele anticiparse al corazón pero nuestros sentimientos influyen más intensamente que nuestras ideas de la formación de los criterios morales.

Escrito de don José Ingenieros que refleja la imagen de quienes quieren salir por las ramas, dejando el tronco en segundo lugar, cuando las cosas son al revés.



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