Las dos caras de la Entrada Universitaria

La entrada universitaria en su versión de esta gestión, como en las anteriores,  tiene una cara visible y una oculta, según se puede apreciar, la oculta, que cada vez es más visible, en esta ocasión, se hace mucho más notoria cuando la libertad para mostrarla, ante los medios de comunicación y la población en su conjunto, se visibiliza con asombro, en algunos casos y con resignación en otros.

La visible, la de los bailes típicos de los nueve departamentos del país y de varias de sus regiones que suman hábiles danzarines a este evento, con bandas que armónicamente brindan los acordes para realizar los bailes o danzas que ejecutan sus contratantes, todo con detalles muy agradables para la vista y el oído.

La cara oculta, el alto consumo de bebidas alcohólicas, los danzarines (no generalizo, porque existen honrosas excepciones) que se pierden en los efectos de las libaciones, le quitan el brillo anterior, a una fiesta que deja de ser fiesta y convierte al evento, en una gran cantina ambulante.

La cara visible, el esfuerzo de algunas agrupaciones, facultades, carreras, universidades visitantes y quienes brindan su esfuerzo para hacer del evento algo destacable, en una ciudad que siempre fue cerrada para el ingreso de otras culturas reflejadas en sus bailes y danzas al igual que en su música nativa, lo que con el tiempo esta allanándose conforme van pasando los años.

La oculta, que nos muestra la falta de armonía de algunas facultades, carreras  o agrupaciones en su bailes, preparados con mucho esfuerzo para llegar hasta este día, y que se vieron frustrados o mal dibujados por efecto del alcohol, consumido sin medida por los integrantes del conjunto o agrupación folklórica, aspecto desagradable y notorio para los espectadores apostados, a lo largo del recorrido del evento.

La visible, la del esfuerzo de varias madres acompañando a sus hijas que bailaban de negritas, Tinku, Chacarera, Caporales, Atico, Morenada y otras, que recorrían junto a sus hijas, apoyándolas con bolsas de Karpil, y otros refrescos, las que eran recogidas por las mismas madres, hermanas y compañeras, para depositarlas luego en una bolsa negra que se entregaba a las trabajadoras de EMAT, para su respectivo destino.

La cara oculta que nos mostró a danzarines que se perdieron la entrada, porque ya no llegaron a ella, quedaron dormidos por el efecto narcotizante de las bebidas espirituosas consumidas antes de su turno para la entrada, dejando un feo rostro de este evento juvenil y nacional.

La cara visible y agradable, el donaire de algunos danzarines como los que ejecutaron un bailecito tupiceño con gran soltura y coordinación casi perfecta, el sabor de los danzarines transmitido a través de la gallardía y flexibilidad de sus ejecutantes, haciendo las delicias del público presente.

La cara oculta, la que nos lleva cada día más cerca de una fiesta como la del Gran Poder en La Paz, por la gran profusión de bebidas alcohólicas, al extremo que las bodegas se disputan el regalar su producto a los bailarines, cada dos o tres cuadras, donde apostan camiones con el licor de la muerte para obsequiarlo.

Están son las dos caras de la entrada universitaria, que ojala pueda convertirse en una sola, la primera, para bien de todos y para quitarle el estigma de ciudad de alto consumo de alcohol, a esta bella tierra.



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