NATALICIO DE EUSTAQUIO MÉNDEZ ARENAS (“MOTO”)

Eustaquio Méndez Arenas más conocido como el “Moto Méndez”, nació un 19 de septiembre de 1784 en Churqui Huayco, Canasmoro, Villa de San Lorenzo, Departamento de Tarija, que en una época perteneció a la provincia argentina de Salta, pero hoy es parte del sur de Bolivia, hijo legítimo de Juan Méndez y de María Arenas, ambos criollos hijos de españoles, residentes en Canasmoro. Era un pequeño hacendado de la zona, buen jinete, a pesar que había perdido la mano… porque cuenta la historia que:

A Eustaquio Méndez Arenas se le cortó la mano derecha por órdenes expresas de don José de la Serna, General en Jefe de las Tropas del Rey en el Alto Perú. Quién ejecutó dicha orden, fue el Cnl. Antonio Vigil, Comandante de los “Húsares de Fernando VII”, a fines de agosto de 1818 luego de atrapar a Méndez en una escaramuza con los montoneros. Por lo tanto, es incorrecto e inexacto decir que Méndez perdió una de sus extremidades superiores: primero, al haberse caído del caballo; segundo que le picó una víbora y tercero que él se cortó voluntariamente luego de haber ofendido a su Madre. Asimismo, es incorrecto e inexacto aseverar que Méndez perdió su mano durante la Batalla de “La Tablada de Tolomosa”, sino, como lo hemos dicho líneas arriba, ello sucedió en agosto de 1818.

Se enroló en la división de gauchos de Güemes, con los que participó en la primera expedición auxiliadora al Alto Perú, luchando en la victoria de Suipacha. Más tarde luchó contra las invasiones realistas. A fines de 1812 formó su propia guerrilla en la región de Tarija, y peleó activamente contra las varias invasiones de los españoles. Cada vez que Tarija caía en manos de los realistas, Méndez lanzaba sus ataques sobre la ciudad o sobre los caminos que la comunicaban con el resto del Alto Perú, por el norte o por el oeste. Logró sus mayores proezas en el año 1816, después de la batalla de SIPE-SIPE: aunque el ejército enemigo capturó y logró retener en su poder a Tarija, durante más de un año los rodeó y atacó metódicamente, cortando sus líneas de comunicaciones y sobre todo, impidiendo que realizaran operaciones desde esa ciudad.

Sólo cuando los caudillos de las provincias de Chuquisaca y Cochabamba fueron vencidos, Méndez fue obligado a ceder. Se retiró hacia el norte de Salta, desde donde realizó varias campañas hacia Tarija, contando con el apoyo de los gauchos de Güemes. Por otro lado, perteneció al partido federal de Salta, y apoyó la gestión política y militar de Güemes. En 1824 cayó prisionero del general Pedro Antonio Olañeta, que poco antes se había declarado independiente del virrey De la Serna. Olañeta le perdonó la vida, pero a cambio lo condenó a servir como soldado en sus filas. A los pocos días desertó, y poco después apoyó la invasión al Alto Perú del general Jerónimo Valdés, partidario del virrey, y mantuvo ocupadas por varios meses a las fuerzas de Olañeta. Al parecer, su intención era debilitar a los realistas con conflictos intestinos. Tras la retirada de Valdés, huyó a Salta. Regresó a Tarija en la división del general Arenales en 1825. Más tarde fue reconocido como coronel del ejército boliviano, y participó en las guerras civiles de ese país a favor del general José Ballivián.

Eustaquio Méndez Arenas, se constituye en el personaje más popular e influyente y seriamente comprometido con la corriente probolivianista que liderizó Bernardo Trigo Espejo hasta lograr exitosamente el rechazo mayoritario del pueblo tarijeño a las numerosas gestiones argentinas por lograr que el extenso territorio de Tarija continúe siendo parte de la Provincia de Salta y; por ende, de las Provincias Unidas del Río de La Plata y aprobar en sendos Cabildos Abiertos la reincorporación de Tarija a la naciente República de Bolivia, hechos suscitados entre el 6 de junio de 1825 y 17 de octubre de 1826.

En ese contexto, don Eustaquio Méndez Arenas debe ser conocido y valorado por las actuales generaciones de tarijeños y bolivianos como un hombre que vivió y luchó por sus propias convicciones a pesar de sus limitaciones, en una época que tuvo sus propias características y donde no todos quienes abrazaron el ideal emancipador conocían a cabalidad los postulados que los liberales de Buenos Aires y en Charcas difundían entre la población para defender los derechos humanos y los principios de libertad que desde el 25 de mayo de 1809 en La Plata (hoy Sucre), y el 25 de mayo de 1810 en Buenos Aires eran públicos a base de los hechos sucedidos en los Estados Unidos (1776), y la Revolución Francesa (1789), vehementes manifestaciones populares y democráticas que hicieron tambalear al sistema político-administrativo implantado desde la Metrópoli, allá en España tanto por las Dinastía de los Austria (1504 – 1700), y Borbón (1700 – 1833), respectivamente.

DESDE ANDALUZ RECORDAMOS HOY TU ONOMÁSTICO Nº 228… FELICIDADES PRÓCER CHAPACO



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