Fatídico 11 de Septiembre en Bolivia

Hace cuatro años un enfrentamiento en la localidad de Porvenir en Pando, concitaba la atención de todos los bolivianos, eran días duros en los que las diferencias políticas entre el oficialismo y la oposición se mostraban democráticamente vivas. Hoy después de aquello solamente quedan heridas abiertas, presos en San Pedro de La Paz, exiliados en Brasil, un departamento (Pando) al mando del Movimiento Al Socialismo (MAS) y un pueblo estigmatizado por la violencia.

El pueblo de Porvenir, a 30 kilómetros de Cobija, en Pando, no tiene nada, porque tras quedar estigmatizado por enfrentamientos del 11 de septiembre de hace cuatro años, ahora fue castigado por la inseguridad generada por el narcotráfico. Y sólo se respira temor y miedo. Y porque los hechos cuentan, como el caso de un menor de 14 años que fue encontrado asesinado con once puñaladas en un presunto ajuste de cuentas, hace un mes y que obligaron a declarar a Porvenir zona roja.

Porque el río Tahuamanu, donde ocurrieron los enfrentamientos del 11 de septiembre, es usado ahora para transportar droga desde Perú hacia Brasil y porque los 20 escasos policías es poco lo que pueden hacer. Pero, además de inseguridad, hay miedo de hablar y transitar por las coloradas calles por temor a ser detenido por militares o agentes policiales que más se preocupan de cazar a enemigos políticos que a luchar contra la delincuencia, dice Martina Pinto de Solares, una mujer que en esa fecha fue secuestrada solo porque llevaba la polera del entonces prefecto Leopoldo Fernández. Chatarra e impunidad. Todos los letreros que hablaban de la autonomía, el referéndum por el “No a la Constitución”, fueron borrados.

En la avenida principal quedan los fierros calcinados de tres vehículos usados en la refriega del 11 de septiembre, en la que murieron al menos once personas, entre campesinos leales al Gobierno de Evo Morales y trabajadores que defendían al entonces prefecto, Leopoldo Fernández. “Se llevaron dos vehículos clave, una camioneta roja de Chiquitín Becerra y máquinas del municipio de Filadelfia”, refiere Lucila Céspedes, una mujer que tiene a su hermano muerto, Alfredo, y su esposo, el alcalde de entonces, Edwin Ventura, preso en la cárcel de San Pedro. Becerra era el alcalde de Cobija y acusado de ser quien proporcionó las armas de fuego a los campesinos, situación que está en investigación.

Céspedes dice que siente impotencia y no sabe a quién acudir por justicia, porque cada vez queda más claro que el enfrentamiento fue armado por el Gobierno para tomar Pando, como su bastión. ‘Me preguntan por su padre’. Pero quien no tiene respuesta para sus tres hijos es María Suárez, viuda de Pedro Oshiro, del Servicio de Caminos de la Prefectura de Leopoldo Fernández. “Y mi padre cómo me quería”, le pregunta la menor de 5 años, que no alcanzó a conocer su progenitor.

La carga fue pesada desde entonces. Tuvo que aprender a manejar y sacar un crédito para comprar una vagoneta y ahora de esa manera ganan el sustento.

Lo mismo hace Lucila Céspedes, la esposa de Ventura, quien abrió una estación de servicio de lavado de motorizados. Porque la vida continúa, como lo relata Delicia Salvatierra, mujer del entonces concejal Herman Justiniano, ahora preso en San Pedro. La mujer se dedica a vender pan para sacar adelante a sus cuatro hijos. Ella vive en Villa Roja, en la entrada a Porvenir. “Dios es amor”, “Dios bendiga esta casa”, dicen dos cuadros colocados en la pared de su humilde casa y Delicia, orgullosa, cuenta que “mi marido me los mandó desde la cárcel”. En Porvenir también está Marcial Peña, un periodista del canal estatal que no sólo fue despedido, sino también apresado y quedó tan marcado que ahora no consigue trabajo. Fatídico 11 de Septiembre en Bolivia.



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