Zafreros hacen conocer sus condiciones de trabajo

Detrás de una cuchara de azúcar hay miles de familias trabajando en la zafra, en campamentos que no tienen buenas condiciones,  ni servicios básicos servicio, falta de atención de salud, además de soportar casi 45 grados  de temperatura, es lo que mostraron a través del teatro menores que llegaron desde los campamentos. Sumado a ello, alrededor de ocho denuncias ya llegaron hasta la Federación de Zafreros, por lo que la Defensoría del Pueblo verificará dichas denuncias para evitar la vulneración de derechos.

“Sabemos que está prohibido que trabajen de los 18 años para abajo que trabajen en la zafra, pero muchos jóvenes de 16 y 17 años ya tienen su familia, entonces necesitan trabajar o a veces también vienen (menores) de comunidades que solo tienen su mamá y ellos también viene a trabajar”, dijo, ejecutivo de la Federación de Zafreros, Fausbert Zoraide Aquino, por lo que refirió que están de acuerdo que se erradique el trabajo infantil pero, “¿qué alternativas nos dan?”.

La mañana del lunes presentaron una campaña de concientización del esforzado trabajo de la zafra, evento al cual invitaron a varias autoridades, entre ellas, el Servicio Departamental de Salud, la Jefatura Departamental del Ministerio Trabajo, Asamblea Permanente de Derechos Humanos, la Central Obrera Departamental, sin embargo muchas de ellas brillaron por su ausencia.

“Entendemos que hay los pocos contratos que no están siendo cumplidos, todavía hay muchos de los trabajadores impagos, entonces es importante que el Ministerio de Trabajo pueda incidir, el día viernes vamos a estar en Bermejo”, manifestó la delegada de la Defensoría del Pueblo en Tarija, Carola Romero.

Agregó que la informalidad obrero – patronal hace de las suyas y la inexistencia de contratos dio a lugar a que no pueda realizarse el seguimiento específico y que estas personas solo sean representados por la Federación, además indicó que “existe una suerte de impunidad”, ya que los zafreros temen que los empleadores los aíslen de su fuente laboral a raíz de una denuncia, debido a ello resaltó que es necesaria la presencia del Ministerio de Trabajo.

UN DIA EN LA ZAFRA

Así comienza la jornada de Wilmar, un adolescente que compartió con Andaluz cómo se vive en un campamento zafrero. Desde muy temprano toma su machete, un braceador para cargar la caña, el cuchillo y una piedra para afilarlo, pues el manifiesta “hay que ir preparados” y tomando todo ello emprende casi una hora y media de caminata para llegar junto con su familia hasta el trabajo, pero dijo que “a veces los patrones toman conciencia y nos mandan una movilidad, pero no siempre”.

“A veces no sabemos si vamos a volver bien sanos como hemos salido de nuestras casas” puesto que, según contó, muchas veces sufren lesiones en los pies o manos. Yo siempre le acompañaba a mi papá desde los siete años, ya trabajaba”, cuenta Wilmar quien recuerda que cuando era pequeño se cortaba la mano en reiteradas ocasiones y como ni él ni su padre podían dejar el trabajo aprendió el secreto que remediaba las cortaduras. Tomaban una caña, la partían y roseaban el jugo a la herida, lo amarraban con un pedazo de tela y continuaban “macheteando”, “porque no podemos dejar la tarea, nos descuentan los patrones o no nos pagan de ese día, es grave”, dijo

Al llegar el mediodía él y su familia se sientan a comer en los surcos junto con las otras personas que también trabajan en la zafra. Posteriormente, tras continuar el trabajo retornan a casa, algunas veces a las tres de la tarde, si salieron a trabajar desde las dos de la mañana, pero en otras ocasiones retornan a las seis o siete de la noche y si terminan rápido el trabajo regresan a las cinco, pero eso sucede en pocas ocasiones, según contó Wilmar.“El que nos representa es nuestro papá, porque él es el contratado, porque él va hacer la mayoría del trabajo, porque nosotros solo somos cuartas, le llaman así, solo cortamos caña, mientras ellos, cortan, cargan y cobran según las toneladas que mandan”, explicó Wilmar.

Dijo que si uno acababa su “tarea” temprano (que equivale a cuatro surcos de 100 metros), debido a la necesidad, a veces tenían que cortar dos o tres tareas más y tener caña para enviar al ingenio y ganar más dinero para mejorar sus condiciones de vida.

Este adolescente también contó cómo distribuye su tiempo entre el trabajo y la escuela y para ello él realiza su trabajo desde las tres de la madrugada, para retornar a su domicilio a las seis de la mañana, cambiarse e ir a la escuela a las siete de la mañana hasta el mediodía, posteriormente en después de la escuela se dirigía nuevamente a “machetear caña”, pues manifiesta que “se duerme poco allá”. “Veo y me da pena, mucha gente sufre así, porque los patrones no nos tienen paciencia a nosotros, no se preocupan por la educación de los hijos de los zafreros que ellos contratan”, indicó Wilmar, quien tiene tres hermanos, dos de ellos pequeños a los cuales cuidan en su familia para que no vivan el duro trabajo de la zafra que les tocó vivir.

Su madre junto a su padre entregaron muchos años de su vida a la zafra, al igual que su hermano mayor y él, ya que recordó que migraron desde la localidad de Villazón del departamento de Potosí hace muchos años y se quedaron a vivir en uno de los campamentos.

Wilmar estima que solo el 20 o 30 por ciento de las familias vive permanentemente en los campamentos y el resto de las personas que migra desde Potosí o Chuquisaca viene de manera temporal, solo para la zafra. “Siempre he escuchado decir que allá siembran papa y sobreviven de eso y vienen solo a trabajar en la zafra, sufren más ellos todavía”.

También narró que cuando se acaba a zafra su padre se dedica a “taxiar” y su madre a hacer los deshierbes de los cañales o también va a trabajar a la banda en la Argentina a sembrar verduras.

GIOVANA CRUZ VILLCA

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