EL CARNAVAL NUESTRO DE TODOS LOS AÑOS

Foto tomada de las redes sociales

La palabra carnaval deriva del  italiano  “carnevale”  y ésta a su vez del latín ‘carnem levare” que se podría traducir como “quitar (lavar) la carne” y es una práctica pagana milenaria que nació hace aproximadamente 5 mil años en Sumeria, cuando las primeras sociedades  sintieron la necesidad de dedicar algunos días al disfrute irrestricto de las debilidades carnales.

Con el advenimiento del Cristianismo, esta práctica encajó perfectamente en la doctrina católica, para describir y explicar el tiempo previo a la cuaresma, no obstante que  en la Biblia no se hace referencia a esta práctica, lo que da a entender que es una apreciación incorporada por la Iglesia Católica, posteriormente a Jesucristo.

Con el tiempo, y ya en la época republicana en nuestro continente, en países  como Brasil, Colombia, algunas islas caribeña y  Bolivia, estas prácticas adquirieron características propias y llegaron a institucionalizarse.

Asi por ejemplo en Brasil apareció el rey momo, personaje que sintetiza el morbo, la burla , la ironía y la alegría que caracteriza al carnaval.

En el sur de Bolivia se le agregaron figuras como la “soltada del diablo” que da inicio al carnaval que se hace el “jueves lardero” (del latín “lardarius” que quiere decir tocinero que era la práctica de comer mucha comida rica en grasa) a la que el siguiente jueves, sigue la fiesta de “compadres”, que se hace supuestamente, para expresar el afecto a la persona (varón en este caso) que se aprecia más allá de la amistad, a la que se la ha nombrado compadre.

La fiesta de “comadres” será el equivalente de la anterior categoría, para las las mujeres el siguiente jueves, para dar paso el domingo siguiente, al corso, un desfile de comparsas que tienen el morbo, la ironía y la picardía como emblema.

Luego vendrá el feriado oficial de lunes de carnaval, con el juego con agua entre barras de diferentes barrios de las ciudades para cerrar la fiesta con el martes de albaca, que ha sufrido una fuerte influencia de la costumbre del norte boliviano conocida como “challa”  o el acto de rociar el suelo con diferentes licores, pidiendo bendiciones para el (los) objetos) que se está “challando”.

Formalmente, el carnaval cierra el siguiente domingo, ya en la cuaresma, con el “entierro del diablo”, ocasión que pasa desapercibida, luego de un mes de jolgorio.

El carnaval, por lo tanto, dista mucho de ser “esa ocasión para la amistad, la cultura, y el compartir la sana alegría” con que so lo mercadea.

Todo lo contrario; el carnaval ha sido, es y va a seguir siendo, la ocasión para que el ser humano, con la venia de la sociedad, autoridades, familia y uno mismo, “descargue” todas sus frustraciones, sufrimientos, penas y otras debilidades humanas sin que exista un freno moral, espiritual, social o legal.

Es comprensible que la gente quiera tener y vivir un carnaval, algo que seguramente no se le va a poder quitar nunca, pero lo que no se justifica de ninguna manera,  es que autoridades de gobierno, con fondos públicos, gasten grandes cantidades de dinero, no sólo promocionando  una fiesta que solo trae un enorme consumo de alcohol, (con todo lo que ello conlleva) sino que glorifique esta fiesta, como un hecho cultural, cuando en realidad es la ocasión cuando se registran los hechos más reñidos con una sociedad culta, con récords de  accidentes de tránsito, violaciones, muertes, intoxicaciones y otras  delitos.

Que las autoridades, ingenuamente, pretendan llamar a la mesura en el consumo de alcohol y en el comportamiento vulgar y poco decoroso, son palabras que se lleva el viento. Es como tirar a la gente a un río caudaloso y decirles que hagan todo lo posible para nadar contra la corriente.

Lo que deberían hacer las autoridades, en cambio, es tratar de  minimizar el gigantesco impacto que de por si tiene el carnaval y tratar de incentivar a que la gente aproveche el largo feriado viajando, haciendo deporte o  visitando museos (eso sería una verdadera actividad cultural), además de obviamente, aumentar el control del tránsito vehicular y otros controles en diferentes ámbitos que atañen a la seguridad de la población.

El suscrito, es conciente de que hoy por hoy, está diciendo algo que “políticamente no es correcto”, pero no importa. De todas maneras no se quiere pedir el voto de nadie. Lo que se pretende es que esta opinión  que hoy parece  un grito en el desierto, sea tomada como objeto de discusión y debate para hacer algo al respecto.

A los que crean que ante un fenómeno social tan fuerte como el carnaval, no se puede hacer otra cosa que resignarse, se debe recordarles cómo la costumbre de hacer fogatas que dañaban el medio ambiente, en San Juan,  en menos de una generación casi ha desaparecido.

Lo mismo ocurrirá con la costumbre de jugar con agua y estoy seguro, que algún día gozaremos de un feriado de carnaval donde podamos circular por las calles, sin el riesgo de que un conductor completamente ebrio, nos pase por encima. O mejor aún, sin un feriado dedicado a la fiesta del diablo.

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