Quitando el pecho – Parte II

Bien, cómo quitar el pecho a mi hijo menor.

Primero que nada, hablé con mi esposo sobre esta decisión tan importante en mi vida. Sobre todo porque necesitaba su ayuda. De alguna manera sabía que con este niño, las cosas no serían tan fáciles.

Le conté mi plan.

Había leído ya bastante, y la única cosa en la que coincidían todos los artículos con que me topé, era: cuando se tome la decisión, NO volver atrás.

Así que mi plan consistía en que la noche en que le diría no más a mi niño, yo dormiría en una habitación con el mayor, y mi esposo dormiría en otra con el menor.

Una mañana de febrero, cuando Sebastian, el menor, tenía 19 meses, mientras desayunábamos, él recibió la última leche de mamá. Después de ello le llevé a su kinder.

En la tarde le recogí como de costumbre, y luego fuimos al colegio de su hermanito mayor. Al momento en que estábamos listos para ir a casa, él comenzó a llorar porque quería estar con mamá, quería su leche. Dijimos no y le sentamos en su silla. Mi esposo condujo a casa.

Cuando llegamos el niño me agarró de la pierna y no me dejó moverme, se puso a llorar tanto que mi esposo tuvo que llevarle afuera para distraerle mientras yo preparaba la mesa para servir el almuerzo.

Ese día cociné el platillo favorito de Sebastian, tortitas de camarón. Cuando nos sentamos a la mesa, él comió sin problemas. Se olvidó de la leche.

Finalmente llegó la noche, la hora temida. Todo el día estuve nerviosa, no deseando que llegase. Mi esposo estaba a cargo de Sebastian esa noche. Se la pasaron horas y horas en la sala mirando El Barrio Sésamo, hasta que habían visto todos los shows que teníamos, y entonces se pusieron a ver Backyardigans y quién sabe qué más, porque yo no estuve allí. Yo estaba durmiendo con mi niño mayor en su dormitorio.

Pensé que si Sebastian no me veía para nada, entonces se olvidaría del pecho y se iría a la cama sin mucho problema. Estaba totalmente equivocada. Sebastian lloró sin parar casi toda la noche. Me sentía tan culpable, pero aún así, no me dejé ver por él.

Ahora que pienso en ello, muchos años después, no creo que lo hice bien, desaparecer así nada más, sin ninguna explicación. Cuando le quité el pecho al mayor, hablé con él, le expliqué la situación, porque sabía que él sabe escuchar y a pesar de su edad, me entendería. Pero creo que subestimé al menor. Siempre le he visto tan en su mundo infantil, que no pensé que me escucharía ni una palabra. No lo sé, y nunca lo sabré, no le expliqué nada, sólo desaparecí.

Sebastian lloró y lloró y lloró. Después de un par de horas se quedó dormido y después de unos minutos, en que parecía que el mundo volvía a ser mundo, se despertó de nuevo a llorar más. Así fue durante toda la noche.

Al día siguiente hablé con él. Le dije que los bebés toman la leche de mamá porque no pueden comer nada más. Pero él ya no era un bebé, ahora era un niño grande y ya podía tomar leche del vaso, como su hermano.

Debía haber echo esto el día anterior, fue un gran error de mi parte.

Mientras hablaba, Sebastián escuchaba con atención, y puedo decir con seguridad que él entendió, lo cual no significa que lo haya aceptado. Inmediatamente después de que yo terminara de hablar él comenzó a llorar de nuevo, pidiendo a ‘ma má’. Repetí que ya no había ‘ma má’, que él ya era un niño grande y que debería tomar su leche en vaso.

En estos momentos es cuando mi esposo intervenía y le distraía, lo cuál era clave para que la situación no se saliese de control y no se tornara extremadamente estresante.

Ese día Sebastian tomó 600ml de leche en el colegio y la profesora dijo que comió más de lo normal, que ese día su apetito fue voraz!

Esa segunda noche, de nuevo yo estuve a cargo del mayor y mi esposo del menor. Con los mismos episodios de la noche anterior.

Después de unas horas mi esposo me llamó, no podía más, dijo que era imposible hacerle dormir, que Sebastián no dormiría sin mi, que él no creía que Sebastian extrañara mi pecho sino a mi. Yo salté de la cama y fui corriendo donde mi niño; no podía soportar ni un minuto más oírle llorar de esa manera. En ningún segundo pensé en darle mi pecho, sólo quería consolarle, estar con él y si era necesario explicarle una y otra vez la situación.

Mi esposo se quedó dormido al instante. La noche anterior él no había dormido nada.

Yo me la pasé viendo dibujos animados con Sebastian hasta las 3 de la madrugada. Las horas pasaban y él no parecía nada cansado. De cuando en cuando, como quien no quiere la cosa, preguntaba por ‘ma má’, pero a esas alturas él ya estaba casi convencido de que no obtendría más ‘ma má’. Yo sólo respondía ‘no hay más’ y él no insistía.

De repente el mayor despertó gritando y yo corrí a su habitación con Sebastián en mis brazos. Le dije que los 3 dormiríamos juntos, y así se calmó y se volvió a dormir. Sebastian se tiró al suelo, no muy contento; yo comencé a cantarle. Intenté con una canción que usualmente les cantaba antes de que se durmieran, pero no funcionó, él continuaba llorando, no a todo pulmón, pero quejándose. Entonces comencé a cantar una canción que nunca antes le había cantado… funcionó! Inmediatamente después de que comencé a cantar, el llanto paró, y él se puso a escuchar muy atentamente. Quizás hizo su último esfuerzo al concentrarse en la canción, ya que segundos más tarde, se quedó profundamente dormido. Era la madrugada, le puse en su cama y yo me fui a la mía.

Nos dormimos hasta las 9 de la mañana. No eran suficientes horas de sueño, tomando en cuenta que nos dormimos cuando el sol estaba saliendo. Estábamos más que cansados; creo que todos estábamos cansados, excepto tal vez Jan Thomas, el mayor.

El tercer día no fue tan duro. Fue necesario explicarle toda la historia de nuevo. Él escuchaba atentamente, pero después de la charla, inevitablemente, comenzaba a llorar de nuevo.

Esa tercer noche dejé a Sebastian con mi esposo. Yo estaba tan cansada. De rato en rato mi esposo dejaba a Sebastian conmigo. En uno de esos ratos, Sebastian comenzó a saltar en la cama, después comenzó a tirar de mi mano para llevarme a la sala. En medio de mi cansancio, sólo me dejé guiar. Le dejé con su papá en la sala y volví a la cama. Esta operación se repitió 3 veces.

La cuarta vez mi esposo entró en el dormitorio con Sebastian en sus brazos durmiendo. Y por primera vez en su vida, Sebastian durmió la noche entera.

Esta pesadilla duró un mes aproximadamente. Claro, no con la misma intensidad que las primeras noches, pero el desvelo continuaba, la mayoría de las noches era yo la que tenía que estar con él en la sala, generalmente hasta las 2 de la madrugada, cuando normalmente caía dormido.

Después del mes, Sebastian aceptó que los días del pecho habían terminado, pero no perdió el hábito de despertarse en la noche pidiendo leche en mamadera hasta más o menos sus 25 meses.

art 8 - mamadera

Si estuviese en esta situación de nuevo, haría las cosas un poco diferentes. Primero, hubiera hablado con Sebastian sobre los cambios, antes de comenzarlos.

Algo que estoy aprendiendo es que los niños realmente aprecian la honestidad y la comunicación. Ellos te perdonarían fácilmente cualquier error, pero no confiarían más en ti si se dan cuenta que les mentiste o les engañaste.

En segundo lugar, lo hubiese tomado más a la ligera. Quizás hubiese ido quitando el pecho gradualmente, como lo hice con mi niño mayor. Pero estaba tan desesperada por terminar con ello que ya no me quedaba la paciencia para hacerlo lentamente.

Por último, hubiese comenzado más temprano cuando Sebastian era más pequeño, en vez de esperar hasta que mi paciencia se agotara.

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