Quitando el pecho – Parte I

art7 - alimentandose

Cuando mis niños tenían 4 y 2 años ya no podía más, tenía que terminar de amamantar al mayor. Me las había pasado 4 años seguidos dando pecho a los niños, 2 al mayor y 2 al menor. A decir verdad, ya me rondaba por la cabeza y soñaba con el día que terminaría con ello desde que el menor tenía 6 meses!

Hasta se convirtió en un sueño, que parecía lejano ¿Pero por qué me tomó tanto tiempo poner manos a la obra y cortar? Puede ser una mezcla de pereza, porque sabía que no sería fácil, y miedo a herir a mis bebés. Los dos parecían tan felices con el pecho de mamá!

Para quienes no lo han vivido, dar el pecho a tu niño, el primer año puede ser muy lindo, el contacto y los momentos de intimidad entre los dos. Pero cansa, sí que cansa. Una tiene que estar allí para él cuando tiene hambre, y los bebés tienen hambre varias veces al día, y no solo en el día, también en la noche. Así que dar el pecho significa no poder tener una noche entera de sueño, siempre está cortada por el bebé que reclama su leche. Y pasársela así 4 años… es más que agotador.

Así que voy a ser sincera, después de los 4 años no pensaba en ellos ni un momento, sólo en mi, en recuperar mi independencia.

Dejar de dar el pecho al mayor fue super fácil comparado con el menor. Claro, hubo un período de preparación antes del momento crucial.

Cuando estaba a punto de dar a luz al segundo, pensé en el problema de dar el pecho a dos niños a la vez y fue cuando decidí cortar al mayor. Pero cómo!?

Como siempre he vivido entre gente nueva, conocidos nada más, no tenía la confianza de preguntar cómo las demás lo habían hecho, cómo se tenía que preparar al niño, cómo decirle no, no más. Así que comencé a leer.

Mi plan con el mayor consistió en comenzar a darle la mamadera y el pecho al mismo tiempo. Cuando tenía hambre y me pedía leche, le daba mi pecho por menos tiempo que el normal, e inmediatamente le daba la mamadera. Gradualmente fui disminuyendo el tiempo, hasta que después de un mes, le daba mi pecho sólo por unos segundos y como siempre, inmediatamente después le daba la mamadera. Así que al mes él ya se sentía bastante cómodo y estaba muy acostumbrado a la mamadera. Yo sabía que había llegado el momento.

Mi niño tenía 1 año y 9 meses. Y aunque estoy segura que él me entendió cuando le expliqué por qué ya no podía darle mi pecho y a cambio le ofrecía la mamadera, él lloró la primera noche. No era que él realmente quería leche, era más un llanto de protesta, algo como “¿por qué él y no yo?”, refiriéndose a su hermano menor. Pero eso fue todo, una noche, digamos una hora y se durmió cansado. Al día siguiente despertó y aceptó su mamadera sin pedir el pecho, y nunca más mencionó el tema.

Quiero aclarar que no me gustó mi solución. Desde que decidí tener niños, una cosa que no quería que conocieran era la mamadera. Siempre pensé que yo me bastaría. Pero uno no debe decir de este agua no beberé, verdad? Y no encontré una mejor solución, o quizás sea mejor decir, una solución más rápida y menos dolorosa.

En mi afán de evitar la mamadera, pensé en aumentar su ración de sólidos, es decir, comida, pero siendo madre primeriza no tenía muchas ideas, y nadie cercano con quien compartir mis dudas.

Desde que él tenía un año le había comenzado a ofrecer otros alimentos aparte de la leche. Como fruta, comida, yogurt. Nunca compré comida preparada de bebé, tampoco me gusta esta idea, y es algo que también decidí antes de que ellos nacieran.
Pero su atracción por la comida era mínima. Lo que ingería de ninguna manera le iba a saciar completamente, necesitaba de su leche.

Con el menor el asunto fue muy diferente, fue una pesadilla… Tanto así que lo escribiré en otro artículo.

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