Mi primer embarazo

En este apartado cuento sobre mis experiencias en el embarazo y en la crianza de mis dos niños, nacidos en 2005 y 2007.

Los consejos que sugiero no pretenden reemplazar las consultas a un especialista. Mi única finalidad es que entiendas que no estas sola, que hay muchas mujeres que han pasado por lo mismo que estas pasando y quizás sus experiencias te puedan ayudar.

Mi primer embarazo

Yo estaba iniciando la treintena cuando me embaracé por primera vez. Tenía amigas, tías, primas que se habían embarazado muy jóvenes y nunca les escuché quejarse de mucho más que del peso que soportaban, alguna se quejó de vómitos en las mañanas, hinchazón de los pies los últimos meses de embarazo. Y bueno, eso era en general todo lo que sabía sobre un embarazo.

Digamos que llegué más o menos ciega.

Dos semanas después de enterarme que estaba embarazada, o sea al mes, comencé a sentirme rara físicamente. Todo fue gradual. No tenía barriga ni nada, siempre fui más o menos delgada, pero me sentía super pesada, levantarme en las mañanas comenzó a hacerse una pesadilla, una acción a veces imposible de conseguir por los mareos.

Luego, ya no tenía ganas de comer, nunca tenía hambre. Y cualquier cosa que ingería lo vomitaba, incluso el agua.

Pasé una semana vomitando todo lo que consumía y sintiéndome miserable. Miserable porque todo lo que sentía a todo momento eran ganas de vomitar. Y el acto mismo de intentar vomitar me quitaba todas las energías que me quedaban. Cuando en realidad vomitaba, quedaba noqueada, no podía ni levantar un brazo, me quedaba así por varios minutos, podría pasar hasta media o una hora en la misma posición, porque tenía miedo que al mínimo movimiento, nuevamente volverían las ganas de vomitar y los mareos. Era como estar en un carrusel que nunca terminaba de dar vueltas. Para colmo de males, vivía en el extranjero, un país donde no se hablaba castellano y la comida definitivamente distaba mucho de la boliviana. No tenía absolutamente a nadie con quien hablar o quien pudiera darme una mano, excepto mi esposo, quien no podía estar todo el tiempo conmigo porque tenía que ir a trabajar.

Después de una semana la situación se hizo insoportable. Mi esposo me llevó a visitar a mi ginecóloga quien decidió internarme, porque estaba completamente deshidratada y debilitada, lo cual podría llegar a ser grave. Estuve en el hospital una semana.

Es extraño cómo funcionan las cosas, o mejor dicho, el cuerpo. En el hospital estuve con suero todo el tiempo, me daban comida especial. Bebía jugos de fruta o agua. Y digo es extraño, porque en todo el tiempo que estuve en el hospital no recuerdo que vomité todo lo que ingería. Vomité en algunas ocasiones pero no a cada momento como en casa.

Así que al cabo de una semana la doctora decidió darme de alta. Yo me sentía mejor y pensé que finalmente la pesadilla se había acabado. Pero al día siguiente de llegar a casa todo comenzó de nuevo. La misma persona desvalida que no podía ni mover un dedo. Me la pasaba tirada en el sofá, sin moverme, intentado dormir para no sentir nada y contando los segundos que faltaban para que mi esposo volviera del trabajo y tener con quien conversar, alguien que me hiciera olvidar mi propio sufrimiento y que me hiciera ver que allí afuera estaban ocurriendo cosas.

Aguanté una semana y nuevamente le pedí a mi esposo que me llevara al hospital, no podía seguir así, y de alguna manera, la semana que había pasado en el hospital me hizo bien.

Pasé otra semana en el hospital, con suero y comida especial. Nuevamente mejoré y la doctora me envió a casa. Y como un ciclo todo comenzó de nuevo. En casa volví a caer y estuve de vuelta en el hospital.

Recuerdo que en los viajes al hospital, que más o menos era el único lugar al que me dirigía cuando salía de casa, odiaba pasar por los restaurantes, tenía que aguantar la respiración porque de lo contrario el olor que despedían me causaba ganas de vomitar. En casa mi esposo tuvo que abstenerse por completo de comer ciertos alimentos de olor bastante fuerte, como paté, cebolla, sardina, etc. y si necesitaba abrir la heladera, tenía que avisarme con anticipación para que yo saliera de casa. A tal punto llegué a ser sensible a los olores.

Para el vómito la doctora me recetó tomar té de gengibre, muchos afirman que es buenísimo. No lo puedo afirmar con seguridad porque no lo intenté mucho. Preparé el té de gengibre pero lo sentí tan picante que no podía pasarlo, intenté algunas veces, pero al final me rendí con ello.

Para la deshidratación me recomendó Gatorade, una bebida especialmente creada para reponerse de la deshidratación. Y como no podía comer nada, para alimentarme me recomendó un preparado vitamínico. Ambos, la bebida y el preparado costaban una fortuna pero era lo único que mi cuerpo más o menos aceptaba, así que estuve a punta de ese preparado vitamínico y la bebida por 2 meses.

Claro que también tomaba la medicina que toda embarazada necesita, como el ácido fólico y el hierro. Esto definitivamente hay que consultarlo con el ginecólogo, para saber las dósis exactas y durante cuánto tiempo hay que tomarlo.

Al término de los 3 meses poco a poco los malestares fueron disminuyendo, aunque nunca desaparecieron en su totalidad. Los 9 meses me la pasé contando los días, las horas, los minutos, para que noviembre llegara de una vez! Y como por arte de magia, por este tiempo conseguí mi primer trabajo en el extranjero!

El último trimestre de mi embarazo era verano, un verano como los de Santa Cruz! Recuerdo que sentía que me estaba quemando viva! Sólo la pasaba más o menos bien en el trabajo porque allí tenía aire acondicionado, pero en casa la vida se me hacía insoportable. El cuerpo de las embarazadas siente más calor.

El cansancio jamás desapareció. Todo el embarazo me la pasé cansada y vomitando. Aunque los vómitos ya no eran tan frecuentes, y no había un patrón, venían cuando menos lo esperaba.

En el hospital impartían un curso para embarazadas. Era muy bueno, yo creo que cada hospital debería dar este tipo de cursos para las primerizas sobre todo. Allí hablaban sobre los ejercicios apropiados para una embarazada. La nutrición. El parto. Yo no pude sacarle mayor provecho porque como ya dije, no hablaban castellano. La lengua que allí se hablaba era inglés y yo, digamos que iba por la infancia-adolescencia con mi inglés.

Siempre he pensado que mi primer embarazo hubiese sido más llevadero y no tan tormentoso como lo fue si a mi alrededor hubiese tenido personas que se preocupasen por mi, que me ayudaran, que me hablaran de cualquier tema para que yo me concentrara en otras cosas. Así que si encuentran una persona en este estado, no duden en hacerle compañía.

Otra cosa que me ayudó, fue que justo al terminar el trimestre conseguí un trabajo. Eso me dió un propósito en la vida. Finalmente tenía una meta, algo a lo cual volcar mis energías y finalmente dejar de pensar en lo miserable que me sentía.

Después de esta experiencia comencé a preguntar a otras madres cómo había sido su embarazo. Mi conclusión es que mientras más mayor una se embarace, mayores problemas en el embarazo. No significa que una deba afligirse. Hoy en día las mujeres van retrasando la maternidad y con buenas razones. Solamente hay que llegar preparada.

Y tu embarazo ¿Cómo fue? O, si estas embarazada ¿Cómo lo estas llevando?

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