Dominar la ansiedad

La ansiedad supone una de las patologías mentales más frecuente después de la depresión. Es una emoción muy útil, hasta cierto punto. Ante una amenaza, alerta al individuo para la lucha o la huida. El problema es si la alarma se activa sin ningún peligro en el horizonte o es excesiva.  Hay muchas personas que están casi siempre ansiosas, viven atrapadas por el miedo. Entonces la ansiedad ya no es una reacción útil, sino un triste estilo de vida. Los expertos aún no saben por qué un porcentaje tan elevado de personas viven angustiadas.

Nervios, una lacra psicológica menor, algo propio de personas incapaces de enfrentarse a la vida. Pero puede ser agotador, causar mucho dolor y restar calidad de vida. Por un lado, la ansiedad secuestra la mente. Las personas ansiosas dan muchas vueltas a las cosas, son poco flexibles y perfeccionistas y siempre esperan lo peor. En muchos casos, la depresión es una consecuencia de las limitaciones vitales que genera el trastorno de ansiedad.

La ansiedad secuestra a la voluntad y el comportamiento. Entre las personas que beben, la patología psicológica más frecuente es la ansiedad. Un intento de evitar, a cualquier precio , la angustia y el malestar físico. Porque la ansiedad también secuestra el cuerpo.

Ante una mala noticia el cerebro ordena segregar hormonas como la adrenalina o el cortisol y acelerar la frecuencia cardíaca o la respiración. Así reacciona el organismo ante la ansiedad. Después llega la calma. El problema de las personas con un trastorno de ansiedad es que viven en un tsunami casi continuo. Los mecanismos cerebrales de la ansiedad activan con más intensidad y durante más tiempo, lo que castiga al organismo y debilita el sistema inmunitario, encargado de protegernos de un buen número de enfermedades.

Si la angustia es excesiva, el cuerpo protesta. Hay problemas físicos que en muchos casos están causados ​​por la ansiedad, como el dolor de cabeza por tensión cervical, el dolor muscular, los mareos, la gastritis, el síndrome del colon irritable, la caída del cabello o los problemas de la piel como la psoriasis o los eczema. Es un círculo vicioso. No hay que olvidar que los problemas físicos también causan ansiedad. Las personas con enfermedades físicas crónicas, como la diabetes o el dolor de espalda, tienen entre tres y cuatro veces más riesgo de sufrir ansiedad o depresión.

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