No necesitamos cárceles, necesitamos escuelas

“Los niveles de inseguridad en el país son de preocupación”, esta es una frase que todos los días la escuchamos o leemos en los medios de comunicación, también que “es una tarea de todos”. Incluso ayer el propio ministro de Gobierno, Carlos Romero, se dijo preocupado por los niveles de inseguridad. ¿Pero qué estamos haciendo para reducirlos?

Se anuncia entrega de equipamiento, infraestructura y otros insumos para que la Policía Boliviana cumpla con su rol constitucional. Claro que es algo positivo reforzar o renovar todo con lo que cuenta la institución verde olivo, es más se debería entregarles más de lo que hasta ahora tienen, en lugar de seguir solamente diciendo que “estamos preocupados”.

También se expresan declaraciones de “preocupación” por la situación carcelaria en nuestro país, se dice incluso que se deben endurecer las sanciones que prevé el Código Penal, que es muy proteccionista el sistema actual, en fin, una serie de frases que deben ser tomadas en cuenta con seriedad y, de ser aplicadas, se lo debe hacer luego de un profundo análisis.

Además de analizar a profundidad las medidas que podrían aplicarse para que los índices de seguridad realmente comiencen a disminuir, será necesario que desde las instituciones encargadas de la educación en nuestro país –y por su puesto el propio Gobierno nacional- comiencen a mejorar el sistema educativo para que no “eduquemos a potenciales delincuentes”.

Con esto no estamos diciendo que la educación es pésima o que esté orientada a que los niños, en un futuro no muy lejano, se dediquen a las actividades ilícitas, sino que la educación y la falta de escuelas en el país y en el departamento, están coadyuvando en que la sociedad cada vez busque las alternativas más fáciles para conseguir dinero y, de esta manera, apoyar a su familia.

Solamente estamos diciendo que la educación que se imparte en las escuelas debe ser una parte fundamental en el desarrollo cognoscitivo de nuestros niños, que la educación que reciban esté llena de valores que vayan a reforzar los aprendido en el seno familiar y, en caso de no existir un hogar estable, se convierta en la principal fuente transmisora de los valores necesarios que permitan formar hombres y mujeres de bien.

Si lográsemos esto –porque no solamente las autoridades de turno tienen responsabilidad en esta labor- como una sociedad organizada y que busca el verdadero desarrollo, no serían necesario los anuncios de parte de las autoridades de Gobierno, como lo anunció el ministro de Gobierno, de construir más centros penitenciarios en el país y, por su puesto en Tarija, sino que se convertirían en verdaderos centros de reinserción social para aquellas personas que, por algún motivo, equivocaron su camino en la vida y, tenemos la esperanza, aún pueden rectificarlo.

Porque con la construcción de nuevos centros penitenciarios y no escuelas, lo que estamos demostrando es la capacidad de reproche que tenemos las personas y no así la capacidad de lograr verdaderos cambios dentro de la mentalidad de la sociedad y, por supuesto, podríamos demostrar el verdadero interés que existe de conseguir que nuestro país crezca no solamente económicamente, sino también intelectualmente.

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